La acróbata Jennifer Bricker nació sin piernas, pero eso no impidió que a los 11 años se convirtiera en campeona de gimnasia, modalidad de la que se enamoró después de ver a Dominique Moceanu.
Su empuje y capacidad para superarse ante las adversidades le permitieron ganar una medalla de oro para Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 1996.
Su carrera como gimnasta no fue nada fácil. Tan pronto aprendió a caminar, Jennifer empezó a utilizar sus manos y posaderas, y creció sin miedo a trepar árboles y rebotando en el trampolín con sus tres hermanos mayores.
A los tres años la equiparon con piernas protésicas, pero nunca las utilizaba. Se movía más libremente sin ellas. De hecho, a los tres años, su padre le compró un trampolín para que empezar a practicar los saltos.
SU historio ha sido de inspiración para muchos gimnastas y deportistas, que ven en ella un increíble ejemplo para convertirse en exitosos atletas paralímpicos.
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