El sepelio de joven extranjero que había muerto ahogado en Ocaña, Norte de Santander, despertó la indignación de muchos ciudadanos, cuando amigos y familiares alzaron el ataúd mientras sonaban canciones y se repartía licor. Iban más de 100 personas.
Los ciudadanos venezolanos que participaron en funeral, aseguraron que se trató de un ritual normal donde se le rinde homenaje al fallecido.
“Tenemos la costumbre, desde hace rato ya, de hacer eso cuando hay un fallecimiento de un familiar; uno le pone música y esto. Yo lo veo normal”, dice Jefferson Parra, quien participó.
Al sitio llegó la Policía para controlar la situación y se impartieron sanciones por violar las medidas sanitarias.
HL
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