Por: Richard Martínez
En las últimas tres décadas, se han presentado avances en la consecución del “sueño caribe”. Éste, hace referencia a la ilusión o al deseo que tenemos los individuos que somos denominados “costeños” en el centro del país, de consolidar a la Región Caribe como entidad territorial y así poder acceder con mayor facilidad a los recursos del erario público, en aras de fomentar el desarrollo con un enfoque de autonomía, bienestar y articulación regional. El progreso que se ha evidenciado con la conformación de la Región Administrativa y de Planificación (RAP) Caribe, la promulgación de la Ley de Regiones, y la posible constitución de la Región Caribe como entidad territorial en el año 2022, es destacable en el universo de las instituciones formales, pero en el plano real, hoy más que nunca, las entidades territoriales que componen esta región deben trabajar en llave para aminorar los efectos de la pandemia.
Tal y como lo ha ilustrado este virus a nivel mundial, a cada quién le llega su hora de enfrentarse al renombrado pico. Hoy, Barranquilla y el Atlántico, están librando una batalla a sangre y fuego contra el Covid, lucha que en su momento también tendrán los otros departamentos del Caribe cuando se aproximen al clímax de sus curvas epidemiológicas. La clave está en que en éstos no se presenten sus picos de manera simultánea (se logra con la debida coordinación entre las medidas adoptadas por las distintas entidades territoriales del Caribe), y a su vez, se establezca un plan de acción regional, de tal manera, que cuando el Covid sitúe a un departamento contra las cuerdas, aparezcan los otros departamentos de la región al rescate. Con esta unión, la entidad territorial que esté teniendo un encuentro vis-à-vis con el virus podrá recibir aportes de sus “entes hermanos” en materia de suministro de estrategias (hoja de ruta) para hacerle frente al Covid; de realización y procesamiento de pruebas Covid; de remisión de tratamientos unificados medicinales, pruebas de detección de Covid, tapabocas, alcohol, jabones antibacteriales y ayudas alimentarias; de atención en camas hospitalarias y UCIs propias a los pacientes remitidos; de capacitaciones a su personal de la salud y transferencia de profesionales médicos; y de prestación de servicios funerarios, entre otro tipo de ayudas. Ahora, si dos o más departamentos de la región alcanzan sus picos al mismo tiempo, igual van a existir vacíos o necesidades al interior de éstos que pueden cubrirse con las herramientas de los demás. Para ilustrar esto, podemos realizar un paralelo entre Atlántico y Bolívar (los dos entes de la región que más casos de Covid han registrado), ya que en el primero se afirma que se agotaron los insumos para procesar de manera automatizada (extracción mecánica) las pruebas de Covid, y en la capital del último se prevé que con la proyección de crecimiento de las camas hospitalarias y UCIs, no va a existir suficiente infraestructura hospitalaria, ni personal de la salud, para albergar dicha ampliación. Con el fin de resolver la problemática atlanticense, los otros departamentos podrían procesar las pruebas (las que superen la capacidad de procesamiento manual del Atlántico) en sus laboratorios hasta que arriben los insumos necesarios; mientras que en el caso de Cartagena, los departamentos que limitan con Bolívar (incluyendo a Atlántico), podrían habilitar espacios en sus centros de salud para instalar los equipos que provienen de la heroica y así brindarle atención médica a los pacientes que esta ciudad remita. Ciertamente, este trabajo en equipo en el ámbito regional evitará que los entes territoriales que estén sufriendo la arremetida del Covid, colapsen, y en consecuencia, que se logre controlar la tasa de letalidad del virus.
El Covid parece la representación virológica de la mismísima muerte, porque sabemos que tarde o temprano va a aparecer en la puerta de nuestro hogar con su túnica y su guadaña, y para resultar bien librados de ese escenario dantesco se necesitan poner en práctica las estrategias adecuadas. Muchos nos invitan a la unión al interior de cada entidad territorial, pero aparte de ésta, impera consolidar el trabajo mancomunado interterritorial. Si España, Italia y Guayaquil son resaltados a nivel internacional como ejemplos en el manejo de la pandemia, y sus sistemas hospitalarios y mortuorios colapsaron al alcanzar los picos de sus curvas epidemiológicas, con este modelo de acción regional podremos navegar por estas aguas turbulentas, aún con mejores resultados que estos territorios. La RAP Caribe tiene la oportunidad de demostrarle al mundo que esa esencia de interacción social que nos caracteriza y que tantas críticas ha despertado en el globo terráqueo, también sirve para unirnos a nivel interterritorial en la lucha contra el Covid, y por ende, para alcanzar el principal objetivo en el marco de duración de esta pandemia: salvar vidas. En esta época no puede reinar el darwinismo social (supervivencia del más fuerte o apto), ni el coloquial “sálvese quien pueda”, es el momento ideal para que retumbe en el Caribe el popular juramento de aquella famosa novela de Dumas ¡Todos para uno y uno para todos! Ese es el verdadero sueño caribe que se debe cristalizar en los tiempos del Covid.
HL
#DIARIOLALIBERTAD

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