Frutos de la Región Caribe
Por las infaustas razones de la Covid se ha aplazado uno de los más icónicos festivales de nuestra Costa Caribe, que desborda alegría a nuestro entorno en épocas normales.
La rica variedad de manifestaciones folklóricas, hace de la región caribe de Colombia, única en el mundo. La abundante gama de colores, de música, de sol, mar, brisas, atardeceres mágicos, el gusto por la vida y la alegría innata nos facilita la realización de fiestas populares tales como: el festival del Porro, de la Ciruela, del Dividivi, del burro, de la Luna verde, de la Cumbia, del caimán, del millo, etc. Debemos concientizarnos de nuestra identidad social, geográfica y cultural, por ello se hizo necesaria la implementación y cumplimiento ya, de la ley de regiones propuesta por Eduardo Verano, para el cabal cumplimiento de lo preceptuado en nuestra Carta Política.
Entre tantas expresiones culturales tenemos El Son de Negro, esta es una manifestación ilustrativa propia de los afrocolombianos, que nace en las fiestas de desahogo que realizaban los negros desarraigados a la fuerza de su entorno por las potencias europeas. Las muecas y el contoneo de los danzantes es una forma de burlarse sutilmente de los opresores y en remedo de los pomposos bailes de la fronda criolla. Así, en sus ratos de descanso, suavizaban el calvario a que eran sometidos y para no perder sus raíces ancestrales. Fue transmitida esta expresión folklórica de generación en generación y los hombres manumitidos como soldados de las tropas del Libertador la fueron sembrando a orillas del río Magdalena, el canal del dique y sus esteros.
En sus ya conocidos foros y en los textos obligados de investigación pedagógica- cultural, profesores de la talla de Martín Orozco Cantillo y de Manuel “Toño” Pérez, han dejado entrever que: “… la danza del Son de negro es más que un movimiento, es un medio de comunicación. Es una expresión del sentido colectivo del hombre individual en un grupo. Es una danza narrativa, acompasada por el ritmo del tambor y del rito del vínculo espiritual, medios poderosos para mantenimiento de la identidad cultural de las etnias africanas”.
El Festival del son de Negro se realiza en Santa Lucía (Atlco) por la necesidad de mostrar y de penetrar en la mente de propios y extraños la trietnia que nos cobija. Es la oportunidad que tenemos de proyectar una imagen distinta en otras latitudes y para que reconozcan el valor de nuestras expresiones populares. Esta fiesta se ha internacionalizado y desde Venezuela han enviado algunos grupos representativos.
Siempre para estas calendas del puente festivo en honor a San Pedro y San Pablo, época de cosecha y resiembra de “pancojer”, por cuatro días consecutivos, se da comienzo a otra versión del Festival Internacional de Son de Negro en honor a uno de sus cultores, entre otros, de quien cariñosamente llamamos el “Negro Condéle”, de don Orlando Olivo, o de don Merito Mendoza y de tantos cultores de esta gran muestra folklórica, todo con la gestión unida de la Secretaría de Cultura del Atlántico, la Alcaldía Municipal y la Fundación “Por Ti Santa Lucía”, que junto a su adalid, el Doctor en educación “Toño” Pérez, no escatiman esfuerzos para la feliz realización de este evento.
Desde la alborada del viernes las calles Santa Lucía se inundan, pero no de las aguas desbordadas del canal del dique, sino del “Tun-tu-neo” y repique de tambores venidos de la cuenca del río de la Magdalena y sus esteros; del bamboleo de banderas rojas; del cántico marcial de la “rama del tamarindo”; del espíritu alegre y dicharachero del morador de la región caribe; del olor a tierra mojada, a caña, a guayaba, a níspero, del aroma de hierba ozonizada y de flores silvestres. Se anegará si, con la riqueza de colores en las polleras largas y anchas ceñidas a la cintura y de las ensanchadas curvas de nuestras hermosas mujeres de ébano, pícaras exponentes de este folklore; empapadas las calles de sol y del garbo y la burla de nuestra gente tiznada adrede, tornados entusiastas de cadencias y compases cuando danzan los ritmos del pajarito, el bullerengue, la maestranza, la bulgaria o el mapalé.
Así se prende el berroche, y al grito entusiasta de “No seas facto, ven, Santa Lucía te espera”, queda inaugurada siempre una de las muestras más auténticas de nuestra cultura raizal.
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