Por más generosas y creativas que sean las grandes y pequeñas empresas de Colombia en estos tiempos de pandemia, con la producción paralizada es factible la aparición de un rápido aumento del desempleo en Colombia.
Por esa misma razón es que consideramos que las medidas que acertadamente ha puesto en práctica el Gobierno, para ayudar a la población más vulnerable, deberán seguirse complementando con procedimientos tendientes a salvaguardar el empleo, mientras salimos a flote de la actual emergencia.
A diferencia de lo que ocurre con el Covid-19, la crisis económica desatada por esta pandemia, no producirá casos leves ni asintomáticos, porque como se vislumbra es que en lo económico habrá dos cuadros clínicos posibles: el grave y el mortal –ojalá que no–.
Las primeras ‘puntadas’ las ha venido dando el propio Gobierno introduciendo y manteniendo el concepto de ‘aislamiento inteligente’, cuya finalidad se sustenta en la prevalencia de la vida y la salud, pero sin perder de vista la necesidad de evitar la quiebra de empresas, parálisis económica y la consecuencial pérdida masiva de empleos.
Así podríamos pensar en el mantenimiento del aislamiento obligatorio, para continuar liberando progresivamente sectores industriales, comerciales y de servicios en los que se puedan garantizar las prácticas de prevención que hagan posible la reanudación de las actividades productivas, obviamente implementando todas aquellas medidas de contención del virus.
Claro está que eso implicaría, como bien lo ha reiterado el Presidente Duque, preservar todo el tiempo que sea necesario, al confinamiento obligatorio para adultos mayores y para quienes tengan factores particulares de riesgo, mantener suspendidas las clases presenciales en los colegios y universidades, mantener la prohibición de eventos masivos y evitar las aglomeraciones.
Es así como el Gobierno Nacional ha decidido extender hasta el 1o. de agosto lo que se conoce como aislamiento obligatorio en todo el territorio colombiano y con éste ampliar vida productiva en el país, manteniendo las excepciones que existen desde el mes de marzo cuando comenzó la tragedia del coronavirus.
En los municipios en los que aún no existen afectados o que presentan una mínima incidencia del virus, se podrán desarrollar algunas actividades de la vida productiva, como es lógico, cumpliendo con los consabidos protocolos de bioseguridad.
Esta última medida divulgada ayer por el propio Presidente, mantiene el aislamiento de personas entre los 18 y los 69 años, concediéndoles dos horas de esparcimiento diario y por un fallo de tutela, las personas mayores de 70 años igualmente pueden disfrutar de ese rato de esparcimiento.
No cabe duda que la llegada del coronavirus a nuestro país ha influido negativamente en muchos sectores de la economía que incluso ya había tenido inconvenientes en los últimos dos años.
Por eso aunque la actividad de muchas empresas y compañías retomen el ritmo cuando desaparezca el Covid-19, la recuperación seguramente será bastante lenta y gradual, lo que ocasionará que una buena parte de la estructura empresarial pueda llegar a situaciones que produzcan un colapso generalizado en todo el país.
Un pronóstico de la Cepal en ese sentido es que casi 3 millones de empresas formales en América Latina cerrarán puertas, llevándose consigo 8.5 millones de empleos.
Esto implicaría dejar de contar con el 19 por ciento del tejido empresarial, que en Suramérica está integrado por 14 millones de sociedades.
En el caso concreto de Colombia, la estimación es que un número considerable de empresas formales podrían cerrar sus puertas. De acuerdo con las proyecciones, la mayor parte de las entidades comerciales que claudicarían en Colombia y el resto de esta parte del continente, serán microempresas, pequeñas y medianas, aunque seguramente grandes empresas también sucumbirán por los efectos de la pandemia.

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