En esta difícil situación originada por la presencia del coronavirus, el no acatar las recomendaciones de las autoridades sobre el autocuidado y aislamiento social se paga con creces. Esa es la contundente realidad que continúan mostrando las cifras de fallecidos y afectados en Colombia y, especialmente, en nuestra ciudad y el Atlántico.
No se trata de un concepto pesimista de nuestra parte, es que no se puede negar que la alerta está encendida, una circunstancia que ha obligado a las autoridades tanto de Barranquilla con el alcalde Jaime Pumarejo a la cabeza, como a la gobernadora Elsa Noguera y los mandatarios de las alcaldías del Atlántico, más afectadas por el virus, a endurecer las medidas de confinamiento y demás campañas tendientes a disminuir el ímpetu de la pandemia.
Los datos que se conocen todos los días suministrados por el Ministerio de Salud son preocupantes, muestra de esto es que hoy en día entre los municipios con mayor número de habitantes en Colombia, los dos que tienen la mayor tasa de contagios y fallecimientos por coronavirus por cada 100 mil habitantes se encuentran en el departamento del Atlántico y son nada menos que su capital Barranquilla y Soledad, tal como lo hemos venido comentando desde días atrás.
Hay que tener en cuenta que uno de los indicadores que las autoridades observan de manera meticulosa para determinar si se endurecen o no las medidas de emergencia, son las tasas de incidencia por número de habitantes, lo que en estos momentos hace necesarios los procedimientos que se están poniendo en práctica en nuestra ciudad y algunos municipios del departamento.
No cabe duda que la disciplina social se constituye en una importante clave en la lucha contra el coronavirus y que hasta el momento es lo que se tiene a la mano y será lo que posiblemente permitirá que el país pueda lograr que se consiga un equilibrio entre salud y vida productiva, para lo cual es menester la participación de cada uno de los ciudadanos.
El éxito del mensaje que invita a quedarse en casa para protegerse del coronavirus, lamentablemente desembocó en una parálisis de sectores productivos enteros y en la exacerbación de las inequidades sociales que venían existiendo desde muchos años antes de la aparición del coronavirus.
Para el Gobierno y las grandes empresas es el momento de encontrar nuevos mensajes, así de poderosos y sencillos como el ‘Quédate en casa’, que encarnen estas fases de reactivación de la economía en medio de la pandemia.
Indiscutiblemente todo esto implica un desafío para las administraciones en materia de vigilancia, control y el liderazgo para tomar decisiones que no sean catalogadas como impopulares, pero simultáneamente traslada a los ciudadanos y a las empresas una mayor dosis de cuidado individual y de responsabilidad social.
En días pasados se permitió la reapertura de pequeños negocios, como peluquerías, centros comerciales y servicios médicos, lo cual se constituye como una aceptación gubernamental en el marco de la necesidad de ingresos para frenar las liquidaciones de pequeñas empresas y minimizar los despidos.
Sin embargo, esta decisión debe ser correspondida por estas empresas, sus empleados, sus clientes y sus usuarios con el cumplimiento estricto de los protocolos sanitarios, los límites en el aforo y el uso del tapabocas.
Si bien la vigilancia sanitaria y la preparación del sistema de salud continúan con una alta responsabilidad del Gobierno Nacional, el desconfinamiento tendrá un ritmo marcado por la disciplina colectiva, el cuidado individual y la responsabilidad empresarial.
Lo que seguramente se logrará en la medida que utilicemos el tapabocas bien y que nos lavemos las manos cada 30 minutos, que haya distanciamiento físico y que nos convenzamos que aún no podemos retomar la vida social normal.

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