Si bien en su momento todas las medidas que se tomaron “y aun se persisten en seguir tomado” para frenar el contagio y aplanar la curva supuesta curva (de la cual no existe ningún parámetro fundamentado que nos diga o informe los criterios para su manejo) del Covid-19, fueron necesarias, con el argumento, de que se necesitaba tiempo para preparar los centros hospitalarios para atender de manera razonable y proporcionada a todos los contagiados para que los centros hospitalarios no colapsaran… pero hoy, la realidad después de tres meses y medio (3 ½ ) es otra, y la situación que ya tenemos y que se avecina es muy preocupante por los siguientes aspectos poco tratados así: 1). Aumento de contagiados en el territorio nacional sin que se vislumbre el añorado aplanamiento de la famosa cueva por ninguna parte, 2). Aumento de la criminalidad “por necesidad de supervivencia”, los dineros entregados por el estado no son suficientes para paliar la crisis y la continuación del confinamiento obliga al Estado a pedir prestado cada día más dinero a la banca internacional con lo que “nos guste o no, se lleva al país a la banca rota acabando con las vidas y con la economía en general, al tener a la gran cantidad de personas retenidas en sus viviendas”, cuando ya en gran parte del mundo se ha permitido a las personas recobrar su libertad “recomendando el seguimiento de los protocolos de bioseguridad”, y dejando que cada quien maneje su vida como ha bien lo considere, respetando así el principio de la “Autonomía de la Voluntad” –principio este que considero ha sido violado de manera notoria cuando se le prohibió a los mayores de 70 años salir de sus viviendas, con el argumento de la protección a los abuelitos, en la práctica se les dijo que ya su voluntad no tenía ningún valor o estaba viciada y otros debían decidir por ellos para supuestamente protegerlos–, 3) Aumento de los estados de depresión y estrés traumáticos en las viviendas dentro del grupo familiar, 4). La llegada de los ventiladores no ha sido la esperada, y todavía hay cuestionamientos con permisos y pruebas, y lamentablemente nada se dice de los desarrollos realizados en Colombia. Si bien es cierto que cada país es autónomo en el manejo de sus problemas internos, no es menos cierto que cuando el problema es común –como es el caso de la pandemia mundial– la experiencia en otras latitudes debe de ser tenida en cuenta, y es así que ya muchos países han atenuado las restricciones con el propósito de reactivar las economías que de seguir así colapsarían, como es el caso de Alemania, España, Grecia, Bélgica, Lituania, Nigeria y Líbano, entre otros; los expertos en salud pública, aunque reconocen la necesidad de encontrar un equilibrio entre salvar vidas y los medios de subsistencia, desde hace tiempo han advertido que abrir las tiendas y dejar salir a la gente de su casa podría resultar menos peligroso que confinarla –la cantidad de gente con problemas mentales es gigante, pero los medios no lo divulgan–, con estos criterios India autorizó que se reactivaran las empresas y el transporte local y se retomaran actividades como las bodas en zonas de pocos contagios o donde no los hay. En el Líbano se volvieron a abrir los bares y los restaurantes. Nigeria relajó el confinamiento en su capital, Abuya, y en su ciudad más grande, Lagos, donde se abrieron mercados, tiendas, centros comerciales y empresas constructoras. En Alemania, donde, según el Instituto Robert Koch, ha habido 196.000 contagios y 9.029 fallecimientos, los zoológicos, museos, salones de belleza y peluquerías abrieron el 4 de mayo por primera vez desde mediados de marzo. No obstante, en muchos lugares, la tan anhelada disminución de las restricciones parecía, en gran parte, un experimento en tiempo real para determinar cómo vivir con el virus; en nuestro país “nunca se dijo que el confinamiento fuera para eliminar el virus”, no, por lo que considero que la solución a la situación actual después de tres meses y medio (3 ½) de confinamiento debe ser la terminación del mismo, y la conminación a que cada uno maneje su propia protección asumiendo su propio riesgo, ya que la información publicitaria de cómo hacerlo es amplia, y, ojo, de continuar reafirmando la situación actual de encierro es garantizar en corto tiempo la posible explosión de la bomba criminal, o la presencia anunciada de una guerra civil, con el de sálvese el que pueda.
* Abogado.
[email protected]

Comenta aquí: