Con tristeza registramos la noticia sobre el fallecimiento del cirujano plástico Carlos Julio Jaraba, cumpliéndose el viejo refrán que sabemos donde nacemos, pero no donde dejamos de existir, y el médico Jaraba nació en el emblemático municipio de Chibolo y murió a los 90 años –la anterior semana– en Miami.
Reseñar la vida de un científico y humanista no es fácil, por la cantidad de actividades y acciones que emprende en favor de la humanidad y el doctor Jaraba cumplió bien la tarea como ser humano. Fue un ejemplo de vida para sus paisanos y quienes lo conocieron por sus bondades y deseos de superación. Las limitaciones económicas no impidieron cumplir el propósito de ser un gran científico de la medicina y un humanista que luchó por el bienestar de los necesitados.
El médico Jaraba nació en medio del amor de su madre Carmen Jaraba Reyes, maestra en una escuela de un pueblito metido en las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta, su padre fue el poeta Torregrosa. El fuerte carácter y férrea disciplina de la maestra Carmelita, como era conocida, educó a sus dos hijos con principios y valores que posteriormente se reflejaron en sus comportamientos. El legendario Pepe Jaraba, q.e.p.d., su otro hijo, fue el mejor narrador de cuentos y chistes de la época, la mamá a pesar del carácter fuerte, era amorosa y su fluidez al hablar invitaba a escucharla; el médico era preciso en sus apuntes, los tres personajes gozaban de un carisma impresionante en toda la región. La maestra Carmelita fue madre soltera y bautizó a sus dos hijos con su apellido, era una familia única por el gran sentido del humor y la simpatía que irradiaban, los tres reunidos eran un espectáculo. A mediados de los 50 viajó a Argentina a cumplir sus sueños y en los primeros años de los 60 regresó con su título de médico, especializado en cirugía plástica. Desde que llegó a Barranquilla fue cotizado por sus conocimientos y atracción personal. Abrió el consultorio en el ‘Centro Médico el Rosario’ y la demanda fue total, primero por su don de gentes y segundo por la escasez de especialistas en cirugía plástica. Los primeros pacientes fueron personalidades de la farándula, reinas de belleza, personas con capacidad económica para operarse defectos faciales, políticos, abogados, periodistas. El consultorio del doctor Jaraba era visitado por familiares y amigos finqueros y ganaderos de la región, y como gratitud por algún favor llevaban productos del campo, que compartía con los médicos y enfermeras vecinos del centro médico. igualmente familiares y paisanos humildes se presentaban con el manjar gastronómico chibolero de “cara tapa” y los recibía con abrazos y risas, al despedirse estrechaba las manos para entregarle un rollito de billete y muestras gratis de medicamentos. Ese era el médico Carlos Julio Jaraba.
Embelleció el rostro de cientos de personas con sus habilidades y diestras manos. Operó desde una cicatriz hasta reducir una barriga abultada, labios deformados, senos caídos y voluminosos, defectos en la cara por causa de accidentes, nariz y mentón desfigurados, trasplantes de glúteos, anulaba arrugas a las damas mayores y coquetas. En fin, la belleza y la vanidad de la naturaleza humana era su fuerte, su agenda siempre estaba ocupada. Durante más de medio siglo estuvo activo, considerado un récord, en esta especialización, la vida laboral es de 30 a 40 años. No era exigente para cobrar, manejaba la sicología y conocía quién tenía condiciones para pagar y quiénes necesitaban de sus servicios pero no tenían recursos, a ellos cobraba poco o no les pedía nada. El doctor Jaraba fue socio fundador de la Clínica del Caribe y trasladó su consultorio cerca para atender mejor a sus pacientes. Fue secretario de Salud Distrital y renunció a los tres meses, por no pertenecer a ese mundo político anárquico, intrigante y saturado de intereses personales.
Fue padre de cinco hijos, dos durante su juventud y tres más con su esposa doña Celia Andrade, su fiel compañera. Desde siempre fue estudioso y atento a los avances en la cirugía plástica, asistiendo a congresos, simposios y encuentros con colegas a nivel nacional e internacional, permitiéndole estar actualizado y solicitado hasta los últimos días que decidió retirarse.
En una ocasión tuvimos la oportunidad de conversar sobre la posibilidad de escribir su biografía, y no aceptó, aduciendo que era un hombre con perfil bajo. Como buen chibolero, fue amante de la fiesta y música de acordeón, en sus espacios libres, que eran pocos, los disfrutaba con algunos de los juglares de la época Alejandro Durán, Enrique Martínez o Abel Antonio Villa. Las fiestas en su residencia eran maravillosas con invitados especiales, como su compadre Capi Andrade, el médico y paisano Rafael De Castro Reyes, familiares y amigos. El doctor Carlos Julio Jaraba será recordado por siempre, como un gran ser humano. Paz en su tumba.

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