Por: Diogenes Rosero Durango

En los últimos 5 días han muerto en el Atlántico, casi 3 personas cada hora (2,8). Aterrador. Los Barranquilleros se mueren en la puerta de los hospitales y en sus casas. Llegan muy complicados a emergencias o a los cuidados intermedios y fallecen rápidamente en las UCI

Estamos ad-portas de llegar a los mil muertos por el Covid19 en el departamento del Atlántico (977); una realidad que asedia a miles de ciudadanos, que además de contagiados, viven la penosa tragedia de lidiar con el dolor de la muerte de un ser querido. La pandemia, con su drama, se metió en los hogares de los Atlanticenses y Barranquilleros. Una cotidianidad que nos consume como sociedad.

Ponemos el mayor número de muertos a nivel nacional y somos el segundo departamento con mayor tasa por cien mil habitantes, solo superados por el Amazonas. En Barranquilla alcanzamos una mortalidad de 4,95%, mientras que Bogotá mantiene una de 2,21% y el promedio nacional de 3,29%. En los últimos 5 días han muerto en el Atlántico, casi 3 personas cada hora (2,8)Aterrador.

Hay que movilizar todos los esfuerzos posibles para parar la muerte. Mirar para otro lado, esperar que pase el pico y asumir la normalidad frente a la hecatombe no es ni moral ni éticamente aceptable. La proporcionalidad de las medidas tomadas no se colige con nuestra dura situación, no estamos haciendo lo suficiente.

Los Barranquilleros se mueren en la puerta de los hospitales y en sus casas. Llegan muy complicados a emergencias o a los cuidados intermedios y fallecen rápidamente en las UCI. Como lo señala la Internista, Intensivista, Nelly Beltran: “debemos lograr con educación en casa, que los pacientes no se empeoren y lleguen a las clínicas en mejores condiciones”. No hay atención oportuna y los Call Center no están funcionando de manera adecuada.

Las EPS están desarticuladas y sin estrategia. No hacen las pruebas domiciliarias exponiendo a los ciudadanos a desplazarse por la ciudad; fallan en programas de salud pública -no responden oportunamente al seguimiento de casos detectados-; y tienen un altísimo retraso en la entrega de pruebas. A algunas personas le llegan los resultados después de muertas.

Para la gente ir a un hospital significa morirse, además de vivir el colapso de las camas, hay mucha desconfianza. Como los señala el también intensivista Dr. Accini -presidente de la Asociación Colombiana de Medicina Critica y Cuidado intensivo (AMCI)-, “los temores ciudadanos -exacerbados por el ministro de salud- sobre un cartel del covid, hacen que las personas prefieran no hospitalizarse, regresan, lamentablemente, cuando ya es muy tarde”. Para ello propone, protocolos para tranquilizar familiares en las clínicas y que puedan acompañar a sus enfermos.

La epidemiologia de Barranquilla es la epidemiologia del Atlántico (Accini). Aún nos preguntamos por qué no hay un puesto de mando unificado para un departamento que concentra su población en su área metropolitana, un CRUE fusionado. “se podría manejar mejor la disposición de los pacientes, habilitar hospitales especializados no Covid en patologías estratégicas como traumatismos y maternidad, de esa manera despejamos camas para los pacientes Covid … organizar mejor la estrategia por frentes: operación, planeación, logística y recursos” (Beltran).

Al borde del colapso, como lo menciono el Dr. Jorge Quintero Neumólogo y Docente de la Universidad del Norte, se ve lejana la capacidad y liderazgo para tomar las decisiones que nos recomiendan los expertos para salvar vidas. Ya es hora que el gobierno nacional intervenga directamente y que se Declare la Alerta Roja, cómo también que el Procurador General y el Defensor Nacional del Pueblo hagan lo que les corresponde.

Esto significaría, disponer de recursos y expertos en crisis, que nos ayuden a planear e intervenir mejor. Información veraz sobre el curso de la situación, mayor personal humano para la atención de los pacientes y la necesaria unificación de las decisiones para todo el departamento y en especial el área metropolitana de Barranquilla. Si no lo hace el alcalde Pumarejo, la Alerta Roja debe decretarla el presidente Duque. Necesitamos salvar vidas, ¡ya!

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