Por Claudia Brihuega Ortiz

El estrés bloquea a los niños y las niñas. No saben identificar ni cómo gestionar las nuevas sensaciones y su forma de verbalizar o expresar las emociones es diferente a las de un adulto. Los cambios pueden afectar a nivel emocional a los niños. Miedo a alejarse del adulto, reaparición de miedos ya superados o aparición de nuevos, comportamientos infantiles regresivos y ansiedad. Los padres y madres deben conocer estrategias para hacer sentir a sus hijos e hijas seguros y capaces de afrontar los cambios.
Largas jornadas laborales dificultan la conciliación familiar. La modificación de los ritmos de vida hace que las horas dedicadas por placer a actividades extraescolares sean ahora casi obligadas. Para cuadrar los horarios las familias tienen que hacer malabares. Las actividades extraescolares son un recurso que permite cubrir parte del tiempo libre de los niños y niñas. Tienen una doble función: hacer de cuidadores temporales, las familias se ahorran pagar a una persona para ello, y además contribuyen a la formación de los menores.
La frenética rutina del adulto se convierte en la de los niños. Además de la jornada escolar y las actividades extraescolares, tienen que realizar los deberes obligatorios que forman parte del sistema de evaluación educativo. Suman al cansancio del día el estrés por una nota negativa o una “carita triste” si no acaban la tarea para el día siguiente.
La sobrecarga de tareas y responsabilidades, muchas de ellas ni siquiera elegidas por ellos, les provoca frustración. Algunos padres y madres viven a través de sus hijos sueños truncados que no pudieron cumplir.
No se escucha a los niños. Quién mejor que un adulto, que nada entre sus propias dudas y prejuicios, para saber qué necesitan. La iniciativa y la capacidad de decidir por sí mismos se limitan.
Algunos sistemas educativos reproducen las desigualdades que se reflejan en otros ámbitos de la vida. Los nuevos modelos de familia no se introducen en todos los planes educativos. Regalos para el día del padre o de la madre, un árbol genealógico o una foto de familia son tareas que no incluyen la realidad de niños y niñas de centros de acogida. Genera situaciones de estrés al sentirse forzados a plantearse preguntas sobre su historia de vida, cuando quizás no sea el momento indicado.
Se toma por correcto y adecuado el contenido de los libros de texto, pero fomenta el conocimiento basado en la memorización y un sistema de evaluación que sólo genera competitividad. Las estrategias educativas deben adaptarse al ritmo de cada persona. No hay un proceso único es necesario ser protagonista activo del aprendizaje.
Existen escuelas que trabajan por proyectos. Son alternativas educativas en las que los niños se convierten en investigadores. Un proceso de búsqueda que otorga sentido al aprendizaje y a la adquisición de conocimientos. Buscan información para elaborar conocimientos, experimentan con la ciencia y las posibilidades que el entorno les regala. Se fomenta y desarrolla la creatividad. Los niños y niñas piensan en cómo conseguir la información y utilizar los recursos de los que disponen.
Aprender a leer, dibujar o colorear tiene sentido para ellos. El uso de la cotidianeidad de los menores es una pieza clave del aprendizaje por proyectos, los niños y las niñas utilizan aquello que aprenden. Construyen su mundo.
El círculo ya no se colorea con el color predefinido en el enunciado del ejercicio. Dejan volar su imaginación para ser libres.

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