Por: Deirys Salazar Frías
Colaboradora

Las epistemologías desde el sur, las transformaciones o cambios desde abajo, desde los lugares periféricos, desde el género y desde tantas expresiones que emergen, así como los aportes de la complejidad que plantea Edgar Morin, sociólogo y filósofo francés que afirma “y si el orden de las cosas no es más que una simple quimera” suponen un desafío y grandes retos, que responden a la necesidad de seguir nuevas alternativas de cambios que nos permitan vivir unas realidades diferentes en nuestro país, alejadas de esas perspectivas patriarcales, dominantes y hegemónicas establecidas, que en últimas terminan sembrando tanta inequidad dentro de la sociedad.
En el marco de encontrar esas nuevas alternativas de cambios, surgen desde las mujeres, situaciones concretas que pueden cambiar el rumbo de la organización social de mujeres y que hoy es urgente en aras de mantener la equidad, la justicia, la solidaridad, el derecho a existir, pensar y decidir.
Estudios recientes han demostrado que los planes de desarrollo implementados en los últimos años por los diferentes gobiernos no han logrado mejorar la vida de las mujeres y del pueblo colombiano en general antes por el contrario, las priva de oportunidades laborales, de protección social, salud, vivienda y educación y en tiempos de pandemia es obvio que se agudicen aún más estas problemáticas.
Por eso la búsqueda de nuevas alternativas de cambios deben llevarnos a sintetizar los esfuerzos por construir territorios que sean la casa acogedora y propia de las mujeres, que asienta la posibilidad de transformar los roles de género, denotar aspectos invisibles del trabajo productivo y reproductivo de la mujer entre otros aspectos de la desigualdad de género.
En este sentido, hay que perder el miedo a los cambios, ¿Por qué no pensarnos una alternativa distinta para construir y reafirmar el tema del buen vivir y que tiene que ver con la forma de lograr un equilibrio entre hombres, mujeres y el territorio?
Las luchas que se vienen dando desde las olas feministas, el ecofeminismo, del cuerpo como territorio, desde la economía social, solidaria y popular, la economía del cuidado, entres tantas otras, interpelan a la lógica económica del mercado y plantean alternativas y propuestas sociales que van encaminadas hacia la búsqueda de sociedades más equitativas, justas, solidarias y sustentables, que permitan transitar hacia la desmaterialización, desmercantilización y descentralización como procesos necesarios para reducir la depredación y devastación ambiental, el control y gestión de los recursos para que así se favorezca y se reconozca el papel central de la mujer en la producción económica, como también, en todas las formas y sistemas de vida.
Frente a este debate, la Confluencia de Mujeres Para la Acción Pública seguirá luchando para darle a las mujeres el valor que la sociedad patriarcal capitalista nunca ha querido reconocerles. Ni los varones como grupo de población, ni las instituciones diversas han querido enterarse ni comprometerse con los cambios profundos que se han dado y que sigue necesitando esta sociedad en cuestiones de género. La inclusión de una perspectiva feminista en la construcción de un sistema alternativo (social y solidario) es una cuestión ineludible para poder incluir en su conformación el papel de la mujer en la sociedad y en el territorio. Por eso no le tememos a los cambios, a lo transformado, a lo que tanto hemos buscado en una sociedad como la nuestra: VIDA DIGNA. PARA TODAS LAS MUJERES.

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