Rebelión de las camas, es lo que viene, están cansadas, llevan tres meses sin descanso, pasamos acostados en ellas 18 horas diarias.

Incertidumbre y angustia es lo que vive la ciudad de Barranquilla y el departamento del Atlántico, por los palos de ciego que están dando sus autoridades, a las que pareciera habérseles salido de las manos el manejo de la pandemia, reflejado en la tenebrosa escalada de las cifras de muertos y contagiados que día tras día se ha venido incrementando, por las autorizaciones de apertura de algunos sectores de la actividad económica, centros comerciales y otros, que se anuncian y luego se aplazan hasta nueva orden, lo mismo que el manejo por cuentagotas del pico y cédula, y porque ayer el Atlántico reportó la cifra record de 27 muertos en un solo día, para ocupar el vergonzoso primer lugar considerando el número de muertos por cada cien mil habitantes, vergüenza total frente a Antioquia que no ha reportado un solo muerto en 30 días.
En el manejo de pacientes continúa la ola de protestas y denuncias, y a pesar de que el Secretario de Salud Distrital de Barranquilla desmintió el pago por concepto de cremación a clínicas o funerarias, en el día de ayer en el canal regional de televisión CTV Barranquilla, recogen la denuncia de un ciudadano que habla de la existencia de un contrato $225.000.000 por parte de la Gobernación del Atlántico por el término de tres meses, para la cremación de 150 cadáveres COVID19 por valor de $1.500.000 cada una cuyo valor real oscila en los $200.000 pesos , y entre las denuncias que hacen, dicen que posiblemente están ocurriendo casos en que la clínica dictamina en el acta de defunción muerte natural por cualquier causa pero las funerarias per sé dicen que fue por COVID19 y proceden a la cremación con el respectivo cobro. En todo esto se impone que tanto la Contraloría General de la Nación como la Procuraduría hagan las respectivas averiguaciones para que todo se aclare y el buen nombre de los funcionarios, empezando por la Gobernadora Elsa Noguera y el alcalde Jaime Pumarejo, queden libres de cualquier señalamiento o sospecha, hasta tanto esto no se haga, quedará en el imaginario popular un mal sabor sobre el manejo de algo tan sagrado como es la vida misma de las personas.
La explicación de todo lo anterior, se encontraría en lo que podríamos llamar un motín a bordo en la Secretaría Departamental de Salud del Atlántico, en cabeza de la doctora Alma Solano que como le informaron hoy a La Libertad un grupo de funcionarios inconformes, “ni ella ni su equipo de colaboradores, escuchan los conceptos técnicos y recomendaciones para el manejo de la pandemia que exponen en los diferentes comités técnicos, queriendo imponer de manera arrogante el modelo del distrito de Barranquilla, que es totalmente diferente al del departamento del Atlántico, porque el modelo territorial de los municipios tiene condiciones poblacionales diferentes a las del distrito.”
El disparo de contagios y muertes de Soledad, como también de Galapa y Malambo, podría ser peor que el de Guayaquil, al usar fuerza policial para mantener a las personas encerradas, pero sin entregarles comida, como se le entrega a los presos, como se les suministra a los animales en el zoológico, si no hay comida hay que salir buscarla, si no me dejan rebuscarme para hacerlo, me veo obligado a recurrir a cualquier método, es cuestión de supervivencia.
Y las cremaciones desbordadas de ancianos se dispararán, por las visitas dizque de control a los hogares geriátricos, porque los que van a tomar las pruebas, después de recorrer tantos lugares con gente enferma, es muy probable que los contagien, y su demencia senil, o los que tienen es tristeza y depresión, si llegan a toser corren el riesgo de ser llevados directo al horno.
Conocí un viejito que le decíamos el “curita”, tenía cara de japonés, iba al terminal marítimo y le compraba a los marineros algunas cosas que se robaban, latas de anchoas, de espárragos, latas de salmón, de champiñones, y a los 94 años recorría toda Barranquilla, recuerdo que iba al Bar Chicote, todos le comprábamos, un día le pregunté: Nojoda Curita cómo haces para mantenerte así, firme, y me dijo: Alvaro, si quieres vivir fuerte por mucho tiempo, cómete todos los champiñones que puedas”, murió en su soledad de depresión a los 96 en una pensión de mala muerte en el centro de Barranquilla, está sepultado como dios manda en el Calancala, hoy hubiera sido asado como un pollo, y sus cenizas revueltas con las de otros viejitos estarían en una caneca de basura frente al Cementerio Universal.
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