Inicia y transcurre el I semestre, 2020 en la Universidad del Atlántico. En este encuentro virtual con los estudiantes, empezamos elaborando una base de datos acerca de: ¿dónde viven’, ¿a qué estrato pertenecen?, ¿en qué barrio?, ¿con quiénes viven?, ¿con cuántas personas comparte en sus hogares?, ¿con qué aparatos tecnológicos cuenta?, ¿los comparte? ¿qué problemas eléctricos hay en su sector barrial’, ¿qué dispositivos tecnológicos y de redes están a sus alcances?, ¿cómo es el servicio? Fue lo primero que debió hacer la Institución, frente a una población cercana a 26 mil estudiantes. Y, este fue el sentido de una carta, que un grupo de académicos de la Universidad del Atlántico le hicimos llegar al señor rector. En medio de esta incertidumbre generada por el Covic-19, en la primera sesión nos conectamos por “Zoom”, no tan apetecida por los estudiantes, habiendo recomendado para el segundo encuentro la plataforma “Meet”, que según ellos (mejor conocedores que nosotros, los docentes de estas lides tecnológicas), es mejor que “Renata”, que nutre a la universidad. Realmente, la recomendada nos ha servido para esta interactividad de emociones y sentimientos a lo digital. En este texto, queremos hacer uso de una de las “12 Formas Básicas de Enseñar”, obra del gran didacta alemán Hans Aebli (Editorial Morata), cual es, “investigar y escribir con los estudiantes”. Esto, en razón a nuestra creencia en la Constitución Política, que plasma en su artículo 69, la “Autonomía Universitaria”, entonces, por analogía constitucional, se proyecta al quehacer docente. ¿En qué sentido? El docente universitario es autónomo en la construcción pedagógica, didáctica y curricular de los programas o cursos, o asignaturas a su cargo, acorde a lo preceptuado por el artículo 27 de la Carta Magna: “El Estado garantiza las libertades de enseñanza, aprendizaje, investigación y cátedra”. Es la razón constitucional de la autonomía docente, que se hermana con lo establecido por el Constituyente Primario en el artículo 68. “… La enseñanza estará a cargo de personas de reconocida idoneidad ética y pedagógica…”.
Un verdadero Programa, Curso o Asignatura, como la de “Procesos Curriculares” en la Licenciatura en Ciencias Sociales, que los sacerdotes oficiales, enclaustrados como burócratas, quieren negar esa autonomía arriba declarada a favor de los docentes, estableciéndoles a los docentes, que el Programa que deben seguir como “Syllabus”, o como “Seminario”, o como “Cartas Descriptivas” (palabrejas) es el que ellos construyen, desconociendo la idoneidad de los docentes. Para nuestro caso, habremos de denominar la hechura de nuestro programa en el cuarto semestre, “Hoja de Ruta Pedagógica, Didáctica, Curricular y Evaluativa de los Procesos Curriculares”. Se trata de una construcción colectiva del conocimiento del campo curricular con mis estudiantes: es la inigualable huella, singular y única, que habremos a manera de impronta construir con emociones y sentimientos. Hemos asumido el compromiso, no la tarea, impuesta por los “sacerdotes oficiales” de reconstruir (y antologizar) las etapas fundamentales del campo intelectual del currículo, como este utópico esfuerzo que iniciamos en estos de tiempos de pandemia, que es cuando más debe haber una profunda comprensión comprensiva de todos los actores de lo formativo frente a los que se ha denominado “clases virtuales”. Este denodado trabajo recorrerá “rutas curriculares”, por ejemplo, “La Ruta Curricular Caribe” construida por quien dirige este curso de Procesos Curriculares (“Ruta Caribe”: En, Fernández, A. Configuración del campo del currículo en Colombia. Un viaje por la producción escrita de sus autores más representativos. Samava, Colombia, 2018, pp., 322 y ss.). Esta “Ruta” consiste en eses diálogo inagotable entre contexto y currículo. Por esto, la construcción de esta Hoja de Ruta tiene en cuenta la inseparable relación entre currículo y realidad. El currículo, en tal sentido, es una acción-práctica-transformadora, estimada a ser “el corazón del sistema educativo”, la “vida de una institución educativa”.

Se trata de un ejercicio reconstructivo desde las enseñanzas de Aebli, con la recomendación: no olvidar los contextos sociales, como el papel de cambio transformador de este campo. En el curso de este semestre nos moveremos teniendo en cuenta estas advertencias metodológicas. Por otra parte, existe una inmensa literatura sobre el tema curricular (Mora, R. Prácticas curriculares, cultura y procesos de formación. Segunda Edición. Ediciones Universidad Simón Bolívar, 2012), por ejemplo, para explorar modelizaciones curriculares desde diversos autores. Son autores que son imprescindibles por sus propuestas, por ejemplo, para visibilizar la vida cotidiana o la cultura, que inspira a los constructores curriculares con sus valores, constituyendo una construcción democrática, como un acto determinante de “atrévete a pensar”, en el sentido del imperativo kantiano. Una construcción así identifica pilares de esa cotidianidad como caracteres indelebles, haciendo del currículo una majestad en los procesos de formación, en cuanto él sella el acto social de formar buenos ciudadanos. En este sentido, creemos que se puede hablar de Horizontes Curriculares que transforman, como la base de un espíritu de autonomía que tenga por objetivo una inclinación hacia la construcción de currículos con pertinencia cultural, que es la aspiración incesante de pensar lo propio, enseñar lo propio y curricularizar lo propio. Esta línea fundamental en esta signatura, es como la idea de la búsqueda de nuestras raíces, como ese elemento que marcará el pensamiento curricular, como un proceso que se configura desde los contextos, como el diario impacto de las circunstancias cotidianas.

Esta búsqueda continúa por construir currículos propios, viene a ser la madurez del estado del arte curricular, como su característica más relevante. Este currículo por lo propio, por ejemplo, corrige los espíritus de imitar modelos foráneos. Este currículo por lo propio. Este currículo por lo propio impone perspectiva emancipadora en los procesos de formación, y sienta las bases concretas de una construcción por lo nuestro. Un currículo así no se deja llevar por hipótesis que no consulten la realidad. Esta señal relevante del pensamiento curricular autónomo, con una fuerte idea por la centralidad del ser humano, que es una idea pedagógica, viene a regular y ser guía en los procesos de construcción de un buen ciudadano. Estos son las notorias conductas de la acción transformadora de nuestra Hoja de Ruta. Para esta construcción curricular realizamos unos ejercicios con base en los siguientes interrogantes formulados a los estudiantes: sus expectativas frente al curso, la concepción que de currículo tienen y la relación del currículo con las misionalidades institucionales (Universidad, Facultad de Ciencias de la Educación y el Programa de Licenciatura en Ciencias Sociales). Esta construcción se basa en el diálogo acerca de los núcleos del saber pedagógico: entre enseñabilidad y aprendibilidad. ¿Qué quiero enseñar como docente? Y, ¿qué quiero aprender de lo que va a enseñar el docente?

En este proceso Jader Amador Contreras anota: al currículo lo veo de forma diversa y dividida. Tengo el concepto como el fundamento adquirido por un profesional a lo largo de su recorrido académico…”. Por su parte, Soe del Mar Santero Corpas denota sus expectativas del curso. “poder complementar mis conocimientos y tener un buen aprendizaje enriquecedor, poder terminar el curso, posible con todos los temas a tratar”. Mateus Osorio, establece la relación entre currículo y la Misión de la Universidad del Atlántico. Nelcy Orozco Barcasnegra describe los posibles temas a tratar: ¿cómo se elabora un currículo?, métodos en su elaboración y diferentes formas de currículo. En cuanto al análisis que realiza en la relación del currículo con las misionalidades de la Facultad y del

Programa: nos recuerda que hay una estrecha conexión con el currí[email protected]

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