El discurso oficial de los últimos años en la Colombia del siglo XXI, el mismo que ha satanizado al disenso como expresión auténtica del derecho a pensar críticamente que tiene todo ciudadano miembro de un Estado democrático – nos ha hecho creer que pensar diferente, contrastar las ideas propias con las de los demás, hacer crítica de las ideas contrarias, promover la discusión y el debate público; es malo, es: como dicen ahora, políticamente incorrecto. Los ideólogos del establecimiento siempre están en sus talleres creativos inventándose teorías cuyo objetivo es apalancar el desprestigio de las ideas que proponen o sugieren cambios profundos y sustanciales de lo que está establecido.
Colombia en un poco más de d os cientos años de republicanismo, ha sido renuente a transformarse. El pueblo raso, siempre aletargado por el retardo mental que produce la ignorancia, esta última, hija predilecta de la pobreza, cuando medio se alebresta e intenta levantarse contra las inequidades que median su vida, termina claudicando ante el poder del dinero que como mendrugos para el hambriento, las cuatro familias amas y señoras de todo lo que existe en este país, reparten para disgregar los movimientos sociales comprando a sus líderes, o también, ante las balas asesinas, usadas institucionalmente dizque para salvaguardar el orden democrático y las vidas y honra de los ciudadanos.
La máquina ideológica capitalista, neoliberal, la plutocracia de mierda entronizada en esta nación, y últimamente, el neofascismo, representado en una nueva clase dirigente montañera hija del feudalismo más ramplón, de ruana y sobrero, caballo de paso y toda la cosa; son los obstáculos insalvables con los que se han encontrado quienes históricamente han querido y propuesto cambios en este país.
La violencia física promovida por los nunca bien ponderados poderosos nuestros; siempre usada para aplastar los anhelos de la mayoría – hoy es combinada con la violencia ideológica. Haciendo uso de su poder absoluto, sus misiles ideológicos son lanzados a la opinión pública – utilizando las tecnologías de la información y las comunicaciones TIC. El miedo es una de sus banderas. La desinformación y la tergiversación de todas las cosas, son las herramientas con las que hoy emborronan el pensamiento de los colombianos de a pie, venciendo así su voluntad para iniciar algún cambio. Muchas generaciones se ha n desperdiciado en la reciente y antigua historia de nuestra nación, algunas engullidas por la ambición individual que promueven los partidos políticos de la tradición bipartidista, otras sucumbieron ante la posibilidad de corromperse junto a los miembros del establecimiento en procura de intereses individuales y mezquinos – otras más, sirvieron de cuchillo con el que se perpetró el degüelle de muchos de los sueños de la mayoría del pueblo colombiano, y una gran masa se ha quedado inerme ante los sucesos por física anemia cerebral – esos cerebros no producen, no hilan alguna idea, no pueden hacer abstracción alguna de lo que perciben, simplemente, porque esas medusas cerebrales no han tenido el entrenamiento académico que sólo la educación pudiera lograr en cada uno de nosotros.
Años de lucha armada, ideológica, social y cultural, no han servido de nada. Solo algunas pequeñas conquistas – las que peligrosamente hoy están expuestas a desaparecer con el gobernante títere de turno y sus intenciones e ideas regresivas – que nos dejan un panorama oscuro en el futuro del pueblo colombiano. El cambio, consideramos, no está ni en las armas, ni en la cultura del voto obligatorio, como tampoco, en la creación de normas y más normas que acrecienten las penas para los corruptos, delincuentes electorales, o los fieles practicantes del detrimento patrimonial en el erario, la concusión, la contratación sin el lleno de requisitos legales, los sobrecostos, las APP, y demás porquerías que esta mierdocracia se inventó. El cambio se hará en las aulas. Sí, allá en cada rincón donde podamos formar seres humanos con libertad de pensamiento, críticos, independientes, capaces de transformar su entorno con conocimiento de causa, hombres y mujeres amantes de las ideas y de la vida – allí se hará la revolución. Una revolución que cambiará el pensamiento de los colombianos y el rumbo del país. Tan cierto es esto que El mesías se desgañita desde hace algún tiempo en su tribuna parlamentaria contra las aulas donde se promueve el pensamiento crítico.
Él sabe, que millones de ciudadanos pensando diferente e independientemente jamás podrán ser reclutados por los cantos de sirena venidos de sus relinchos caballares. Él y la más recalcitrante oligarquía nuestra saben que tenemos un arma letal que acabará con ellos, un arma que al igual que las armas usadas por ellos en materia ideológica es silenciosa pero efectiva cuando de resultados se trata. Moldear pensamiento, no con la educación panfletaria que seguramente esperan que utilicemos, es tarea de todos, especialmente de nosotros los docentes.
Moldear pensamiento ofreciendo y practicando un proceso de formación académica de calidad, abierto, pluralista, ambicioso, pertinente, incluyente, crítico, analista, que tenga una mirada histórica, punzante en el análisis del contexto, humano, político en profundidad. Todo ello mostrará el camino a nuestras generaciones venideras. En todo caso, se hace necesario utilizar e iniciar en cada rincón donde se enseñe, lo que el maestro Chomsky ha llamado en uno de sus ensayos las: “Armas tranquilas para una guerra silenciosa”.
#DIARIOLALIBERTAD
dawad

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