La implantación del sistema capitalista fue concebida para acumular riqueza, el modelo funcionó cumpliendo con sus objetivos de enriquecer unos pocos y empobrecer a la mayoría. El capitalismo por su misma naturaleza produce utilidades, fue diseñado para que siempre produzca ganancias. Los imprevistos que pueden presentarse son inherentes al sistema, depresiones cíclicas, fenómenos naturales que afecten el funcionamiento de la economía, como vendavales, nevadas, huelgas de trabajadores y otros sucesos adversos. El sistema fue blindado con fórmulas eficientes para prevenir cualquier eventualidad asociados a crisis sanitarias como el Covid-19.
Sin embargo, un sector de los empresarios no siguieron las recetas que impone el sistema capitalista, de mantener reserva para financiar gastos de funcionamiento en tiempo difíciles como el actual, y pretenden arruinar al Estado exigiendo los tributos cancelados durante años. ¿Será que sus contadores y asesores no aconsejaron que debían tener ahorros para imprevistos y malas épocas como la actual?, Cabal tiene la respuesta. El sentido común indica que la sostenibilidad de los negocios son sus reservas económicas, no cumplirla están expuestas al fracaso. Es triste que ciertos empresarios tratan de obtener ventajas enfrentando al Estado con los trabajadores manifestando que no tienen recursos para cancelarles sus salarios. De los grupos sociales más sensibles del país, es la clase obrera y por esa razón el gobierno desde el anuncio del encierro voluntario, indicó que los patrones debían cancelar sus salarios durante la cuarentena. Conociendo los capitalistas que la clase trabajadora es el componente más importante del proceso productivo, el gobierno tiene que acceder a sus pretensiones a cualquier precio. Aprovechada las circunstancias los empresarios manifestaron estar ilíquidos para cumplir y exigieron ayuda financiera. El gobierno cayó en la trampa del chantaje empresarial y asumió el pago de nómina en algunos casos, y 30% en otros, adicionalmente créditos blandos a largo plazo. Hasta la fecha por el problema del Covid-19, el Estado ha desembolsado docenas de billones de pesos para evitar más traumas. El otro aspecto hipotético que no es un secreto para nadie, que los privados financian campañas políticas con el objetivo de obtener dividendos en el futuro. El Covid-19 es un enlace para cobrarlos, esta hipótesis tiene fuerza por la evidente posición que ha asumido la vice, Martha Lucía Ramírez, de solicitar al presidente Duque solidaridad económica al gremio productivo en forma reiterativa.
Si hipotéticamente nos aproximamos a la realidad, el gobierno debe ejercer más control sobre los privados y no permitir que los empresarios aporten a campañas políticas. La simbiosis entre lo público y privado es perjudicial para la democracia. En el Congreso de la República son muchos los empresarios legisladores, lo que es una gran contradicción, igualmente políticos que fracasaron en las elecciones son nombrados en altos cargos en el sector privado. En el pasado reciente una parlamentaria costeña presentó la propuesta al Senado en no permitir que empresarios cuenten con curules en el Congreso, el proyecto fue rechazado por los grandes intereses económicos que se mueven en la corporación. Es hora de retomar esta novedosa iniciativa para oxigenar el Congreso de la maldad y despojarse del feo señalamiento de ser una de las instituciones más corruptas del Estado.
La generosidad del gobierno con los empresarios es una muestra que la democracia, así sea débil y lenta funciona, las grandes ayudas recibidas para quienes las solicitaron, generó un ambiente de solidaridad entre los colombianos. Estas ayudas deben ser compensada por todos aquellos que las recibieron, desde el hombre de la calle, familias marginadas y pobres, las retribuciones en mantener sano el medio ambiente, buenas acciones sociales y el respeto a los demás entre otras. Los grandes capitales que en el pasado engañaban al Estado con balances contables, estados de pérdidas y ganancias, declaraciones de rentas amañadas para pagar menos tributos, deben reflexionar antes de continuar con estas feas prácticas. Que las relaciones obrero patronal fluyan con facilidad y concordia, salarios dignos sin tanto forcejeo cada año. Los importadores que defraudan al fisco nacional en sus diferentes modalidades, deténganse y recuerden que el Estado respondió en los momentos de angustia. Es hora de cambiar el chips y combatir el virus de la corrupción, tan mortal como el Covid. El gobierno a su turno debe reducir algunos impuestos y derogar otros, modificar la Ley 100, hacer más inversión social y ejercer el control de la educación. El coronavirus y la avaricia fracturaron la estructura del sistema capitalista con consecuencias graves para la economía. ¿Será que se recuperará? Preguntemos a Carrasquilla.

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