“Algo huele mal en Cundinamarca”

En algunos países se han aprovechado del Covid19 para implementar políticas Públicas que favorecen a sus pueblos. Han generado más recursos a la investigación científica y al sistema de salud pública. Aunque podemos decir no obstante, que a China se le afectó su política de expansión comercial. España en tanto, aprovechó para reforzar la solidaridad Estatal, sus clínicas, hospitales y bajar el ímpetu de separatismo a los catalanes. En cambio, en Colombia se ha aprovechado para desmejorar los derechos sociales de algunos trabajadores en beneficio de las entidades financieras y las multinacionales privadas de servicios públicos y privados. A pesar que el último inciso del artículo 215 constitucional lo prohíbe, todo lo queremos resolver golpeando el mínimo vital de los trabajadores. Ahora está anunciada una mini-reforma laboral que tiende a fortalecer los fondos privados de pensiones y desconocer las primas y horas extras a los trabajadores.
En todo caso, pensar que lo que hace el hombre es perfecto y perenne es una equivocación, y menos si se trata de asuntos políticos, en especial, lo que deviene de lo electoral, que ha provocado dudas y hasta subterfugios inverosímiles por los resultados de votaciones en el gran circuito de nuestra democracia participativa. En tanto, considero que por ello la Ciencia Política no es exacta, teniendo en cuenta que el hombre es el protagonista principal de todo aspecto social. Hoy podemos estar pensando una cosa y mañana otra distinta, aunque trate de un mismo tópico.
Me contaba mi tío Casimirito Barragán, que el fraude y las dudas sobre los guarismos electorales no son nuevas. Como desde siempre, todo en Colombia está centralizado en Bogotá, por ello según mi tío, después de las elecciones, en un largo viaje hacia la capital desde las provincias se enviaban los votos dentro de Arcas Triclave inmensas. Contaba él, “que en un viaje de estos, se detuvo la caravana ante un retén de policía en la carretera, de pronto, se sintieron unos ruidos extraños dentro del arca triclave y cuando lo abrieron, encontraron un enano, que era quien se encargaba de modificar fraudulentamente los votos depositados, pero que debido al cambio de clima se resfrió y empezó a estornudar, dando al traste su picara labor…”
Las cosas han cambiado desde entonces. En un principio de nuestra vida republicana, en Colombia solo podían votar los hombres que tuvieran acreditados bienes, que estuvieran casados, y que fueran ciudadanos libres. Luego el voto se hizo Universal y secreto y más tarde a mediados del siglo XX pudieron votar las mujeres mayores de 21 años, hasta nuestros días, que el voto sigue siendo universal y secreto y lo pueden ejercer los ciudadanos mayores de 18 años y, en casos especiales los extranjeros residentes en el país. Antes se votaba con sobres o papeletas y ahora con Tarjetas electorales.
Hoy en plena pandemia se está empujando a la gente a realizar todas sus tareas de forma electrónica o virtual. Deviene que esta nueva conducta social pueda comenzar a alborotar el ejercicio político electoral con la necesidad creada ya por los Decretos de confinamiento del Gobierno, que han ido generando cambios conductuales, económicos y jurídicos en la sociedad, esta es una oportunidad ideal para que se implemente el Voto Electrónico en una inminente reforma Electoral de conformidad con el parágrafo 2 del artículo 258 constitucional.

Es deber entonces de la organización electoral, agotar todas las herramientas para evitarle al ciudadano la sensación posiblemente falaz cuando sufraga, pero con la incertidumbre que su voto se lo puedan sumar a otro candidato que no es de su preferencia. Necesitamos armonizar lo concerniente al sufragio conforme al artículo 258 superior. No es solamente usar la tecnología electrónica con posturas extremas de seguridad. Para que funcione, se necesitan transformaciones a nivel social, de un cambio integral, donde se realicen campañas agresivas de capacitación, pero sobre todo hay que reformar el inerte y cadavérico Código Electoral en una Ley revolucionaria, que transforme la disposición orgánica de los partidos y el enfoque de los candidatos, para que todos aprendamos admitir y asumir con altura los resultados electorales. Todo lo nuevo trae sus riesgos pero es la única manera de avanzar dentro del círculo democrático.
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