Por Jaime Bolívar

Este fin de semana, en visita especial, el Señor Ministro de Salud revisó los planes de contingencia que se implementan en Barranquilla y en el Departamento del Atlántico frente al Covid-19. Opinó que “el trabajo en equipo en el Atlántico da tranquilidad” y destacó “la gestión conjunta institucional que adelanta la Alcaldía y la Gobernación para enfrentar la pandemia”. Por supuesto que debió también evaluar los indicadores de contagio para los municipios del Departamento.
Ya, en reciente ocasión, el mismo Ministro comentó que Barranquilla “estaba preparada e incluso mejor dotada que la misma República Federal de Alemania”.
Todo parece excelente. Pero no deja de ser preocupante que en medio de tanta parafernalia y despliegue mediático, al cual nos tienen frecuentemente sometidos, no se mencionó el nombre del Municipio de Soledad.
Lamentablemente Soledad aporta 892 casos que son el 29,5% de los 3.019 del Departamento y el 58% de los 1.576 casos de Barranquilla, se alcanza los 933 de Antioquia, supera los 587 de Cundinamarca, los 470 de Medellín y tiene el doble de casos por millón de habitantes que toda Colombia.
Con estas cifras no pudo pasar desapercibido el Ministro y debió llamarle más la atención que el extraordinario tenderete de camas y equipos del Centro de Convenciones.
Un conglomerado cercano al millón de habitantes, con una amplísima conurbación con su capital y en cuya jurisdicción funcionan, como dice un dirigente gremial, “cinco entre seis de los bienes públicos más importantes para Barranquilla y su Área Metropolitana” donde Soledad aportó su espacio así como permitió que los urbanizadores de todos los pelambres, en complicidad con algunos soledeños, desplazaran hacia su territorio el movimiento poblacional de Barranquilla sacrificando, torpemente, su propia y privilegiada zona industrial.
Soledad, más que vulgar cantera electoral, más que pródiga y estúpida despensa burocrática y más que fuente inagotable de financiación para impulsar candidaturas al Congreso de la República, también es la estancia y dormitorio de la fuerza laboral de Barranquilla.
El virus, como la corrupción, no repara en fronteras, es indiferente a la categorización del ser humano, se salta los decretos y el tiempo lo tiene sin cuidado.
Por todo lo anterior, al Señor Alcalde de Barranquilla, en su condición de máxima autoridad metropolitana, le toca asumir un rol especial para enfrentar las contingencias y exigencias sanitarias que se derivan de la especial dinámica epidemiológica de la vecindad.
El señor Alcalde de Soledad, por encima de cualquier compromiso o consideración política, debe estar abierto y propositivo para la integración de las estrategias e intervenciones que se requieran. Alcalde de Soledad adelante: sin temor por la “Soberanía territorial” ni por su “autonomía administrativa’”.
Ambos Alcaldes pueden manejar bien la interdependencia que los convierten en aliados naturales tanto para compartir grandes y excelentes perspectivas como también para buscarle solución compartida a problemas y desafíos comunes y la pandemia es uno de ellos.
Por su parte la Señora Gobernadora además de sus incursiones en Soledad y otros municipios, notorios por cierto, debería en aras del carácter unitario del Estado coordinar y catalizar la integración científica y operativa de dichas administraciones; no le es difícil ejercer real y efectivamente la subsidiariedad y la complementariedad como herramientas y principios armonizantes de la gestión pública.
No sobra acotar que las diferencias o instrucciones políticas implícitas no deben tener eco en este momento, cuando lo que se requiere es la mayor dosis de empatía, solidaridad, grandeza y sensatez.
Que todo salga bien! Que no exista motivo para arrepentirse de una inaceptable y dañina imprevisión u omisión.

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