El vapeo no es tan eficaz ni para dejar de fumar ni para la salud

 

Las terrazas de las cafeterías han vuelto a tomar las aceras de las ciudades en Europa. Eso sí, con el 50% de las mesas y dos metros de distancia entre cada una. Después de dos meses y medio de estricto confinamiento para combatir el coronavirus, los ciudadanos tienen ganas de acariciar la normalidad y la libertad que supone tomar algo en una terraza. Hasta aquí, todo perfecto. Ahora bien ¿qué pasa con los fumadores? La comunidad médica advierte: fumar y expulsar el humo del tabaco (o de otros dispositivos) aumenta el número de gotitas de saliva que expelemos al respirar (gotitas de Flügge) y, en consecuencia, las posibilidades de contagio de la enfermedad covid-19 aumentan.

Entre las medidas de higiene -además de los consabidos dos metros entre mesa y mesa y la limitación de aforo- la orden deja clara la necesidad de “eliminar servilleteros, palilleros, aceiteras y otros utensilios similares”. No menciona específicamente ceniceros, aunque muchos establecimientos también los han retirado de sus mesas. Basta pasearse por varias terrazas para corroborar su ausencia. La empresa cervecera Mahou, de hecho, ha dirigido a los bares una información titulada ‘Cómo reorganizar la terraza para cumplir con las medidas de la fase 1’ en la que específicamente se dice: “En las mesas no habrá elementos comunes tales como servilleteros, cartas o ceniceros”.

Hay ceniceros portátiles (como los que los fumadores educados y concienciados con el medio ambiente usan en las playas), así que es de suponer que cualquier adicto a la nicotina puede sentarse en una terraza y encender su cigarro mientras disfruta del café y echa la ceniza en su cajita o cono de silicona. Sanitariamente, sin embargo, no es la mejor opción para esquivar al coronavirus. Ni para él ni para los demás, incluidos los no fumadores que están a su alrededor. “Al fumar y exhalar el humo, ya sea tabaco convencional o dispositivos electrónicos, se expulsan diminutas gotitas respiratorias que pueden contener carga viral y ser altamente contagiosa. Además, al fumar es inevitable llevarse la mano a la boca, la nariz o la cara, lo cual facilita la entrada del virus en el aparato respiratorio”, explica el doctor Carlos A. Jiménez-Ruiz, neumólogo y presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

Los fumadores tienen casi dos veces más posibilidades de progresión grave de la enfermedad provocada por el SARS-Cov-2 que los no fumadores. “Fumar incrementa tanto la probabilidad de desarrollar síntomas severos de covid-19 como de ingresar en las ucis, requerir ventilación mecánica y fallecer víctima de dicha enfermedad”, explican fuentes de semFYC, que ha escogido como lema de la semana sin tabaco ‘¡Qué bello es vivir… sin humo!’, emulando el título de la mítica película de Capra y recordando que cada año el tabaco mata directa o indirectamente a unas 52.000 personas en España (ocho millones en el mundo).

Un reciente estudio francés investigó la posibilidad de que la nicotina pudiera tener efectos preventivos en el coronavirus. El ministerio de Sanidad ya advirtió de la ausencia de evidencia científica de tal hipóstesis. Los médicos de familia que integran la semFYC insisten en la confusión que provocó el estudio y dejan claro que un informe posterior detectó “importantes sesgos de selección y de observación” ya que, entre otras cosas, excluían a los pacientes que ingresaban en la uci de tal manera que “los pacientes más graves quedaron fueran del estudio”.

El próximo domingo (31 de mayo) se celebra el Día Mundial sin Tabaco. La Sociedad Española de Epidemiología (SEE) advierte que el consumo de nicotina y la exposición al humo ambiental del tabaco aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cáncer. La SEE hace un especial llamamiento a los jóvenes porque el tabaco es la droga más consumida entre los adolescentes. Su consumo diario se sitúa en el 9,8% de los que tienen edades comprendidas entre los 14 y los 18 años.

HL

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