Disciplina personal v.s Disciplina social

306

– ¿QUIÉN CONTROLA LIBERTADES?

Por: Gaspar Hernández Caamaño

Rafael Bassi Labarrera, el bacán difunto (q.e.p.d.), acuñó, para bautizar a un colectivo carnavalero muy genuino de nuestra bacanería ñera, la frase: ” ¡DISFRÁZATE CÓMO QUIERAS!”. Que además sirvió al escritor Ramón Illán Bacca para darle nombre a uno de sus relatos.

Quienes han disfrutado, en su vida callejera, de una tarde de sábado de Carnaval, en plena “Batalla de Flores”, por el cumbiodromo de La Vía Cuarenta, sintiendo la brisa del río en la nuca y el sol de las 3 de la tarde en la frente, sabrán entender que ” DISFRÁZATE CÓMO QUIERAS!” es como la esencia ” de Barranquilla, el mejor vividero del mundo, su más idiosincrática vitrina. No sólo como comparsa, sino también como expresión de una cultura. De un modo de ser: caribe-currambero. Como el Carnaval, sin estratos socio-económicos. Su acuarela.

He recordado la frase, que hizo carrera propia en nuestra “léxico”, como mis nostalgias de los desfiles-bácile de ese legendario colectivo, en estos días de cuarentena obligada, cada vez que al salir del confinamiento, de balcón y ventanas, en días y horas permitidos, al observar, oler y sentir la parafernalia como los barranquilleros, de todos los niveles urbanos, nos compartamos al sentirnos liberados, por unos momentos, de las cuatro paredes de la habitación donde mantenemos, en familia, el aislamiento social.

Cada vez que regreso de caminar por las cuadras de mi vivienda, desde donde puedo ver Los Tajamares de Boca de Ceniza, cada mañana y cada tarde, o de mercar alimentos y medicamentos, compras esenciales, o cancelar facturas de servicios domiciliarios en cajeros autorizados o sacar pesos de la mesada pensional, cada vez, repito, me invaden emotivamente esas imágenes de los danzantes de ¡DISFRÁZATE COMO QUIERAS!, porque, equivocadamente o no, percibo que “mis vecinos o conciudadanos” están erguidos, en comprar o charlar, como si fueran los preparativos urgentes para ir, corriendo, a otra “Batalla de Flores”, en plena pandemia del Coronavirus y que éste, como el revivo personaje de nuestro Carnaval, “¡ AY! JOSE!” y de la Danza del Garabato, la guadaña, fuera el Dios Momo de estos tiempos no vividos en las inmortales fiestas del “Te Olvide!”.

Cuando este párrafo escribo, la noticia de aquella tarde fue: “Atlántico, segundo Departamento de Colombia, con contagiados por Covid-19”. Todos sabemos que Barranquilla es Atlántico. Y lamento que esa estadística temporal confirme mis sospechas. Hemos creído que la emergencia sanitaria era “otra fiesta”, “una gripita más”. Y nos relajamos, pasándonos por las fajas las prohibiciones básicas para prevenir y reducir la contaminación de la peste silenciosa, pero fatal. No hay esfuerzo de autoridad que valga.

Las conductas callejeras y las reseñadas en medios periodísticos y redes sociales, que motivaron mis añoranzas en este “disfrázate como quiera” pandémico son, unas individuales y otras colectivas y/ o grupales, en un breve inventario, las siguientes:

1. Vi a una señora que desde el balcón lucía una máscara de “marimonda”, animando a una banda papayera de venezolanos que pasaba por su esquina;

2. Una pareja de novios, a las 5 a.m., se “machucaban” debajo del palo de mango de la cuadra, mientras ella tenía tapaboca y él nada;

3. Dos señoras obesas, con uniformes de domésticas, “chachareaban” en una banca del parque, mientras los perros se orinaban en los pies;

4. He visto “atletas”, “ciclistas” y mujeres y hombres de hierro correr, como posesos, sin tapabocas y como si participaran en una competencia;

5. En las colas de supermercados y bancos gente con tapabocas hablan a “sonido bestial”, sin conservar la distancia ordenada;

6. Por las redes se han denunciados “piscinazos” en edificios donde residen “pupys”, lo que están prohibidos;

7. También he observado videos de sepelios, cuyos acompañantes de difuntos van borrachos y/o champeteando;

8. Esposos, amigos, socios o parejas de vecinos salen a caminar juntos sin respetar distancia, algunos van tomados de manos;

9. En barrios del sur hacen sancochos en las esquinas y realizan partidos de futbol sin ninguna medida de bioseguridad.

10. Un Papá y una mamá, a las 6 a.m. sacan, en un “canguro” a un recién nacido, cuando ellos caminan, sin que haya vecino o autoridad que lo impida.

Y asi podría seguir enumerando conductas abusivas de grupos de personas, que se presumen “educadas” o “estudiadas”, a las cuales la pandemia ni las asusta, porque presumo estan convencidas que en Barranquilla no hay autoridad civil o policiva que les enseñe a comportarse, en las calles, parques y sitios públicos, como mandan las circunstancias sanitarias: usar tapabocas adecuadamente, no hablar como cotorras, imparablemente y conservar las recomendadas distancias. Es una emergencia, no una eternidad.

Obvio. Somos libre de escoger nuestro propio camino a la muerte, ya que las estadísticas del coronavirus evidencian que este Covid-19 es mortal. Lo que no se puede permitir es que por su propia elección, contaminen a los demás que no deseamos perder los años que nos falta vivir. Bien. Mejor y lentamente.

Por ello no está de más recordar lo consagrado en el artículo 16 de la Constitución Política vigente, sobre el Derecho al Libre Desarrollo de la Personalidad que, a la letra, dice:

“Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de SU PERSONALIDAD sin más limitaciones que las QUE IMPONEN LOS DERECHOS DE LOS DEMÁS Y EL ORDEN JURÍDICO”(mayúsculas mías).

A esa libertad los filósofos del Derecho, la denominan POSITIVA, porque es limitada hasta donde arrancan los derechos de las otras personas. Es decir, en estos momentos de pandemia no se puede creer que gozamos de la llamada LIBERTAD NEGATIVA, hacer lo que les dé la bendita gana, porque los otros también nos imponen sus derechos. Y el orden jurídico actual es de emergencia sanitaria. O sea, disciplina personal familiar, social y ciudadana.

Al final, la historia nos absolverá. O condenará. Hoy estamos cuestionando cuan libre somos para autorregularnos. O hasta cuanto confiamos en la autoridad. Poder caminar contigo mismo, respetando lo prohibidos, nos puede asegurar que mañana podamos besarnos, abrazarnos, darnos las manos o tomarnos un café en la Plaza del Parque como aquellas tardes de brisas de rio y de mar.

ELOGIO DE LA LENTITUD

A estas alturas de la cuarentena, donde todos quisiéramos volver rápido a la normalidad pre-pandemia, mi recomendación de pensionado y de caminante de las mañanas, es que den, así sean jóvenes de 18 años de edad, valor a la lentitud.

Sugiero lean al músico, pianista él, James Rhodes, quien afirma que es difícil ser lento en la música, y menos en la del barranquillero arrebatao dijo yo.

Y enseña: “ENCUENTRO UN TREMENDO VALOR EN LA LENTITUD. UN TREMENDO VALOR EN LA SENCILLEZ, EN EL MENOS. COMO DICE MARCO AURELIO: HAZ MENOS, MEJOR”(ver El País. 5/17/2020).

Y por favor dejemos llegar el Carnaval. Para entonces, vivitos y coléando podamos invitar: DISFRÁZATE COMO QUIERA. Vencimos, con disciplina ciudadana, la pandemia. Recuerda A LOS DIFUNTOS DE ESTOS TIEMPOS NO LOS ACOMPAÑA NADIE.

#DIARIOLALIBERTAD

Y.A.

Comentarios