Semana de reflexión

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En medio de la emergencia sanitaria y social que afecta a la humanidad, la iglesia católica se prepara para la conmemoración de los últimos días de la vida terrenal de Jesús y para recordar los acontecimientos de su pasión, muerte, sepultura y resurrección.
En el ámbito religioso no se observará el usual y afanoso ir y venir de feligreses desde y hacia los diferentes templos, preparando las actividades con las que en los días Jueves y Viernes Santo se recuerda la crucifixión de Jesús, en esta oportunidad no se verán las concurridas procesiones, los vía crucis vivientes y otros eventos tradicionalmente concurridos.
No se puede negar que muchos lectores de LA LIBERTAD, que profesan la religión católica, hoy experimentan gran tristeza ante el hecho de no poder asistir a ninguno de las ceremonias tradicionales de la Semana Mayor, tales como el lavatorio de los pies, la visita a los monumentos, la adoración de la santa cruz, el sermón de las siete palabras, la vigilia pascual y la eucaristía del Domingo de Resurrección, entre muchos otros.
La pandemia que en Colombia ha ocasionado 2054 casos de afectados y que la cifra de fallecidos llega a 54, luego de conocerse las muertes de tres mujeres y un hombre, entre los 53 y 85 años de edad, en las ciudades de Bogotá, Neiva y Cali, que tiene al país en cuarentena hasta el 27 de abril y con estrictas medidas de movilidad, nos hace presumir que inexorablemente en esta ocasión tendremos una Semana Santa nunca vista durante la milenaria tradición religiosa.
Prácticamente nos sorprendió la Semana Santa en medio de todo lo que está sucediendo en el mundo y observar lo mucho que han cambiado nuestras tradiciones a raíz de las circunstancias generadas por la pandemia, las que nos han facilitado el hecho de pasar por alto los acontecimientos trascendentales de nuestras tradiciones religiosas, como las que otrora recordábamos de manera particular durante los días santos.
Con la obligatoria pero necesaria cuarentena como telón de fondo y con todas las responsabilidades que tenemos que cumplir, a duras penas logramos hacer nuestras devocionales peticiones en el amanecer de cada día, dándole gracias a Dios, pero sin tener la oportunidad de reunirnos como iglesia para así conmemorar el acontecimiento central del cristianismo, una razón más para que sea tan difícil pasar por alto la Semana Santa, porque es algo que no había ocurrido en 2020 años.
Es como una forma de leer el signo de los tiempos en donde cambió la cultura religiosa, cuya esencia radica en comprender las enseñanzas del maestro, en la construcción del reino de Dios y su justicia, como verdadera opción de felicidad de las mujeres y los hombres en la tierra, ante los fracasos, sociales, económicos y los trágicos acontecimientos como el que hoy azota al mundo entero y otros ocurridos en la historia de la humanidad.
El adagio popular, “Ni tanto que queme el santo, ni tan poco que no lo alumbre”, hasta cierto punto tiene algo de cierto, si aceptamos que todos los extremos son dañinos, por esta razón lo mejor en estos días es dar gracias a Dios, reflexionar sobre los aspectos negativos, no hacerle mal a nadie y tratar en lo posible de ayudar al prójimo.
Por todo esto hoy más que nunca, en medio de una pandemia que no sabemos cuándo terminará, ni hasta donde llegaran sus efectos en todos los ámbitos, de cualquier manera necesitamos recordar y celebrar la obra del Divino Redentor.

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