Adiós a ‘El Indio’ Manuel María, el penitente mayor de Santo Tomás

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Se acercan las fechas de Jueves y Viernes Santos y, como es costumbre en el municipio de Santo Tomás, son más de cinco generaciones desde que los penitentes pagan sus mandas desde el ‘Caño de las Palomas’ hasta la Calle del Calvario. En este municipio hace 270 años, los penitentes desfilan por estas calles, mientras son contemplados por el público asistente.

Manuel María Charris Fontalvo, conocido como ‘El Indio’, falleció la madrugada del jueves en Santo Tomás en el barrio Primero de Mayo, a causa de un paro cardiaco. Desde muy joven estuvo en la Sierra Nevada de Santa Marta y allí aprendió con los indios a curar con plantas. Después de varios años, llegó a Santo Tomás, allí montó un consultorio en su casa y curaba a los habitantes del municipio, según comentó el periodista Manuel Pérez en diálogo con Diario LA LIBERTAD.

‘El Indio’ empezó su proceso como penitente hace más de 60 años, pidió la manda indefinidamente y nunca comentó por qué la estaba pagando. Luego de muchos años se constituyó en una de las personas más antiguas y apegadas a esta tradición, llegó la vejez y Charris se enfermó a raíz de problemas de hipertensión, por lo que hace aproximadamente 15 años tuvo que dejar de lado esta práctica, en la que había girado prácticamente la mitad de su vida.

Tras sentir impotencia porque no podía ser partícipe activo junto a los demás flagelantes, Manuel decidió convertirse en el orientador idóneo de ellos y este se encargada de enseñarle cómo debían cortarse y golpearse la espalda, para posteriormente curarlos. “Prácticamente era el mánager de los penitentes”, así lo manifestó Manuel Pérez conocido como ‘Gaspito’, quien recuerda a este personaje como un hombre alegre, entregado y luchador.

Hasta hace poco menos de 5 años, él seguía cumpliendo su manda, a pesar de su longevidad. Cabe recalcar que este 9 de abril, Manuel María cumpliría sus 99 años de vida.

Historia de los flagelantes en Santo Tomás

El “entre dicho de Santo Tomás” fue declarado en 1968, lo que significaba un castigo papal donde en cualquier ciudad o municipio no se podían prestar servicios religiosos de ninguna índole. En este mismo año, el arzobispo de Barranquilla Germán Villa Gaviria, mandó al párroco Sigilfredo Agudelo para Santo Tomás.

Para las fechas de la Semana Mayor, exactamente el 12 de abril de 1968 hubo un total de 7 penitentes, una escasa cifra en comparación de lo que había sido todos los años anteriores. Ante esta decisión superior, los tomasinos se fueron en contra de la casa cural e irrumpieron violentamente dentro del templo y sacaron los santos que estaban allí, la misma noche hicieron una procesión con los mismos habitantes en forma de protesta. No fue hasta el 1 de mayo que el arzobispo de Barranquilla Germán Villa Gaviria, levantó el entredicho y comenzaron los servicios religiosos nuevamente en Santo Tomás.

Fue histórico, cuando al año siguiente, en 1969, salieron 29 flagelantes, provenientes de distintos municipios aledaños a Santo Tomás y a partir de allí se ha mantenido ese número hasta hoy en día.

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