Las crisis fortalecen la conciencia

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La palabra crisis en el idioma de los sabios consta de dos ideogramas, la primera de ellas apunta a dificultad y la segunda oportunidad, esto no significa que la pandemia que está maltratando con contundencia la humanidad no solo sea tiempo de dificultades, sino época de reflexión creativa, reconciliación entre los pueblos y encontrarnos con nosotros mismos.
Crisis no solo equivale a conflicto, guerras y enfrentamientos entre naciones, desde siempre el mundo ha vivido en crisis, y no es fácil juzgar quiénes son buenos y quiénes los malos. Las crisis tienen otras connotaciones generadas por falta de empleo, incapacidad de cumplir compromisos, la más grave es la que afecta la salud humana, como la crisis del coronavirus. Las crisis por su misma naturaleza son un fenómeno social originado por múltiples causas y el principal motivador es el mismo hombre y solo él puede solucionarlo. La recomendación para evitar que la crisis se agudice y extienda debe apuntar a: compartir objetivos comunes, unir criterios de valorización que favorezca al grupo, fomentar el consenso social, entre otras opciones. Los conflictos son fenómenos inherentes a la naturaleza humana, y una sociedad armónica que caiga en conflicto, las soluciones son más difíciles por su estructura cultural. La armonía es diálogo equilibrado, convivencia pacífica, consenso social y todo aquello que ayude a la tranquilidad ciudadana. En el planeta no es fácil encontrar una nación armónica y ajena a las crisis sociales en un mundo tan afectado por los mismos problemas de hambruna, desigualdades y pobreza. Colombia ha enfrentado durante su historia conflictos sociales de diferente naturaleza y esa experiencia puede servir para solucionar la crisis de la pandemia. Las crisis en países con fuertes divisiones políticas, todos pretenden ser protagonistas para obtener ventajas politiqueras, y el enfrentamientos entre el gobierno central y regional, impidió atacar la pandemia oportunamente en el país. Los politólogos consideran que los conflictos son fenómenos sociales inevitables, que permiten analizar los sentimientos grupales y su nivel de conciencia, dejando ricas enseñanzas para tomar decisiones acertadas. Desde esta perspectiva una sociedad desarrollada no está alejada de conflictos, su propia evolución la ayuda a entender mejor las situaciones de riesgo que pueden presentarse para formular alternativas oportunas.
En Colombia la crisis de la pandemia ha sembrado el pánico en ciertos sectores de la población por su alto grado de vulnerabilidad y la forma como algunos medios de comunicación presentan las noticias. Los compromisos asumidos por el gobierno un poco atrasado para enfrentar la crisis deben cumplirlos para evitar que el virus se extienda y el problema se agrave, así mismo la población debe atender las recomendaciones. En estos momentos de crisis las verdades deben aflorar sin especulación y soberbia. Los colombianos son conscientes que no existe antídoto para la pandemia y no atender las instrucciones puede causar la muerte, pero continuar repitiendo lo mismo por los medios de comunicación fastidia, crea zozobra y no ayuda. Perder la libertad y encerrarse por culpa de una pandemia en época que el conocimiento y la ciencia ha ganado ventaja y descubiertos nichos escondidos en la naturaleza es patético. Los países tercermundistas son vulnerables a estas crisis por falta de recursos –médicos y humanos–, los gobernantes deben servirle de experiencia para invertir más en ciencia y tecnología. Los colombianos no debemos desconocer que la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, fue la primera que enfrentó la crisis anunciando un simulacro para prevenir a los habitantes de la capital del virus. La alcaldesa Claudia con su perfil de líder carismática diseñó una estrategia de contención durante tres días de encierro que dieron buenos resultados.
El presidente Duque replicó el modelo y con sus ministros y altos funcionarios del gobierno, informaron por los medios de comunicación hasta el cansancio los detalles y sumas de dinero que se requerían. El ministro de Salud con títulos de doctorado en enfermedades infecto-contagiosas aun no ha manifestado qué investigaciones se adelantan para la cura. El de Hacienda, acostumbrado al camino más fácil de vender activos y patrimonio de los colombianos y tomar prestados los ahorros depositados en los fondos de pensiones en las regiones, fue su propuesta. Que horror. El senador López del Centro Democrático propuso una fórmula inteligente de acudir a los dineros que tiene el país en el exterior y tomar 7,5 billones de dólares para financiar las necesidades de la crisis. La propuesta según los analistas económicos no afecta las finanzas públicas ni el PIB nacional. Es evidente que el gobierno central hace el mayor esfuerzo en ayudar, pero las trabas burocráticas impiden que los recursos lleguen oportunamente o se diluyan en el trámite. La repetición de la noticia desgasta, cansa, fastidia y aun peor crean pánico.

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