El enemigo silencioso que golpea a la humanidad sin piedad no solo causa muerte y desolación, sino que aísla y crea rupturas en la cultura de los pueblos por no permitir que los deudos sepulten a sus difuntos con el acompañamiento de familiares y amigos.
El pasado domingo bajo la mayor tristeza y limitaciones impuestas por normas de sanidad para evitar el contagio del coronavirus que tiene azotado a los continentes, sepultamos a nuestro hermano Miguel Ángel. La impotencia de no poder cumplir con los rituales acostumbrados marcó aun más el dolor de la esposa, hijos, hermanos y familiares.
Después de una enfermedad que enfrentó con carácter y fortaleza como era su talante en todos los actos de la vida, Miche, como era conocido el hermano cariñosamente por familiares y amigos, falleció a los 90 años. Miguel Ángel fue un hombre sencillamente maravilloso, sus valores humanos y disciplina fueron la bandera para cultivar el respeto y las buenas relaciones entre familiares y amistades. Fue el primogénito de nueve hermanos y orgullo del viejo Miguel y su adorada mamá Rita Gallardo. Estudió en el colegio Biffi la Salle y posteriormente en el Barranquilla en los 50 y próximo a graduarse de bachiller se retiró para ingresar al mercado laboral y poder ayudar al hogar y sus ochos hermanos que eran menores de edad. Al igual que nuestra hermana Fanny Cecilia fueron los grandes sacrificados de la familia por no poder continuar sus estudios superiores. Miche se ganó el respeto de la familia por sus acertados consejos, criticaba con severidad la mentira y la deshonestidad. Del hermano se pueden contar infinidad de historias hermosas de solidaridad con familiares, amigos y compañeros de labores que por prudencia no quería referirse, manifestaba que era su obligación de servir. Su vida laboral la desarrolló a temprana edad en los aeropuertos del país, desempeñándose en cargos de dirección con profesionalismo y responsabilidad. Con su esposa Bertha López construyó una hermosa familia acompañados de sus hijos Henry de Jesús, Alberto Mario, Carmen María y sus siete nietos que lo acompañaron con especial atención en su periodo de enfermo. Sus primeros años de vida transcurrieron en su natal Puerto Colombia, donde disfrutó del mar Caribe en compañía de familiares, por esa razón solicitó a sus hijos que su cuerpo fuera cremado y las cenizas arrojadas al mar en la zona del muelle donde practicó la natación.
No es fácil hablar y escribir de la muerte y menos cuando se trata de un ser querido, pero debemos asumir el reto y considerar que en el último paso de la vida, su espera siempre produce miedo, temor y pavor, especialmente cuando se disfruta de la vida holgada y gozosa. El fenómeno de la muerte preocupa a los mortales en cualquier tiempo y zona de la tierra, el mito se ha minimizado por el avance de la ciencia y el aporte cultural, el dolor es menos intenso. En Colombia existen regiones que la actitud hacia la muerte se ha folclorizado, y de alguna manera es menos fúnebre que en el pasado debido a la influencia de otras culturas como la africana. En la Costa Caribe la forma como transcurre la vida cotidiana y el quehacer diario del criollo, el concepto que tiene de la muerte es recibida como un fenómeno natural y corriente. En los cantos de la música popular se nota el arraigo cultural y la expresión folclórica como se refieren a la muerte. En la letra del canto de la pieza musical el Coroncoro, el compositor se mofa de la muerte. La mentalidad fantástica sociocultural de la región es única en el país, y los críticos foráneos desconocen la esencia de esos mensajes subliminales. La leyenda más común de los pueblos del Caribe apunta, que la muerte está próxima cuando el golero se estaciona en los techos de la casa donde vive la potencial víctima. En los carnavales los disfraces muestran a la muerte como algo feo y horrible que espanta al público que transita desprevenido por las calles, es otra forma de mofarse de la muerte. Definir el concepto de muerte es pensar en la cesación de la vida, es dejar de existir en la tierra que debemos recibirla como un fenómeno mágico religioso sociocultural, la muerte no es una aspiración y un deseo, pero tampoco es el colmo de los males.
La familia Andrade López y Andrade Gallardo desde siempre no sentimos orgulloso de haber tenido como padre y hermano a Miguel Ángel, q.e.p.d.

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