La salud y la vida al viento y al azar

117

 

No hay duda que los seres humanos y más los colombianos tememos más a la muerte que al dolor, pese a que ella es el fin del sufrimiento, porque se nos vende la idea de una vida duradera que en nuestro caso termina siendo efímera porque social y culturalmente no tenemos las condiciones reales para disfrutar de buena alimentación, salud y vida, en paz rodeados de amor familiar y social y menos de oportunidades reales de desarrollo.

Esta es una nación de sobrevivientes, de los cuales algunos terminan siendo zombies del sistema y aceptan el dolor y la muerte como normal y lo peor llegan a pensar y a defender tesis tan macabras como aquella que asegura “que entre más se mueran más puertas se abren para los vivos”. Es el quítate tu para ponerme yo. Fatal para una sociedad que se precia de tener humanidad y valores y de ser altamente cristiana. Dios nos ampare y nos favorezca.

El título de este editorial es duro, pero la realidad colombiana es que la salud y la vida en el país están desde hace muchos años al viento y al azar, con unas leyes inicuas que han servido para enriquecer más a unos pocos y deteriorar los ingresos y la seguridad personal del cuerpo médico, hasta el punto que hay pacientes que agreden a estos profesionales cuando ya no dan más después de ser exprimidos por un sistema maquiavélicamente perverso. Hoy esos héroes de la patria, silenciosos y magníficos, afrontan la misma inseguridad de sus pacientes ante la pandemia llamada Covid-19, que a muchos se les antoja que se trata de los resultados de una guerra bacteriológica ente quienes se reparten el mercado mundial, interesados también en eliminar masivamente población humana para resolver muchas carencias de un sistema inequitativo y malvado que sacó las garras para dejar sin vientre a la humanidad y cuya maldad sus beneficiados quieren presentar como bondades, prosperidad y desarrollo. ¿Para quién?

La culpa de todo esto se la quieren echar a nuestro creador, porque los mandatarios carentes de conciencia y sabiduría recurren a medidas populares como la gratuidad de los servicios públicos, que sólo llevará a la quiebra a las empresas y a empeorar los servicios y desmontar la cultura de pago que tanto ha costado, mientras el país no sabe qué rumbo tomar frente a esta pandemia invasora y se dan golpes de bastón de ciego o se tira la caña de pescar en un balde como lo hacía Simón el Bobito. Y se excusan en las medidas porque son de izquierda o de derecha o de centro, pero no hay nada que sea acertado ni se basa en la ciencia. Puros palos de ciegos.

¿Qué pasará si la pandemia termina llevándose a los médicos como está ocurriendo a nivel mundial? Nuestra ciencia, atrasada como la que más, ante un Estado que invierte en armas pero aplasta a quienes promueven el conocimiento, la ciencia y la tecnología, que ellos ven y ponen en marcha como pañitos de agua tibia que respondan a intereses de dueños de universidades y de empresas pero no del interés científico y de una política nacional verdadera de ciencia y tecnología, acordes con el país.

Culpa de todo ello recae en una clase política corrupta, miserable, ladrona, sin entrañas, que usa al pueblo a su acomodo y que lo convence de votar por ella con tulas de dinero y de unos dirigentes populares que bajo los estigmas partidistas no tienen interés de beneficio general sino particular.

Nos llevó la tragedia y no alcanzarán nuestros cementerios si Dios no nos da amparo y fortaleza, pues en Él confiamos, por lo que al pueblo solo le queda orar continuamente el Salmo 91, porque políticas oficiales certeras no se ven en el corto ni en el largo plazo, copias mal hechas de decisiones de otros países y puestas en marcha con morosidad de tortuga artrítica.

Comentarios