Humanismo Vs. pandemia

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El aislamiento y distanciamiento social de millones de colombianos ha creado un comportamiento diferencial del ser humano en los espacios o moradas de convivencia como producto al temor del coronavirus, expresado en los resultados de las bioestadísticas emanadas de la Organización Mundial de la Salud y otras entidades prestantes que suministran informaciones y analizan los datos estadísticos del cómo ha sido el crecimiento y decrecimiento de los infectados, contagiados y occisos representados en campanas gráficas como la de Gauss, con variables y proyecciones exponenciales que arrojan los países más afectados hasta los lugares más recónditos del planeta. Cabe preguntar si es la necesidad la que nos da el grado de ser humano o es nuestra condición de animal ante la pandemia del coronavirus lo que hace que nos preguntemos por la existencia y, a partir de esta situación, nos humanizamos y paliamos por los otros; o, si, por el contrario, una vez que desaparezca el virus pandémico nos convirtamos en el lobo estepario de Hermann Hesse.
No todas las personas son necesariamente humanas y no todos los seres humanos son personas; así lo establece la “comunidad moral” que está vertebrada por sujetos que pueden dar permiso, defender sus derechos y ser conscientes de sus deberes; aquí no caben los seres humanos que no son personas, no forman parte, en sentido estricto de esa comunidad, porque no son sujetos de derechos ni de deberes. Ante el enunciado y la verdad óntica, le reiteramos al gobierno nacional del subpresidente Duque, al igual que a los mandatarios regionales y empresarios locales; concretamente al Alcalde de Barranquilla Jaime Pumarejo y a la gobernadora del Atlántico Elsa Noguera, a quienes se les cuestiona y se les exhorta públicamente a responder con ética pública: ¿por qué las empresas de servicios públicos no congelan el pago de tarifas o se difiere, al igual que los pagos del impuesto predial incluyendo todos los estratos; no convocan al sector financiero a establecer formulas en el pago de los créditos e hipotecas reduciendo los intereses, estableciendo periodos de gracia para los créditos de consumo; no bajan en un 50% el precio de los pasajes del transporte masivo; no conceden las universidades públicas y privadas periodos de gracia al estudiantado en el pago de los derechos de estudios, entre otras? Señores gobernantes y empresarios, existe un reto: o son humanistas o contribuyen a acrecentar la pandemia. La mejor explicación o respuestas a lo planteado corresponde a los hechos como soluciones.
Es posible caer en el engaño, pero no estamos engañados siempre, dado que la realidad es aquello que se refiere a una descripción completa del mundo. En esta pandemia tenemos que apostar a alimentar el deseo de cambio en las circunstancias en que estamos, tener en mente que lo que decidamos es el pasaporte para el Aquí y el Ahora. El compromiso que haga con usted mismo es factor determinante y decisivo para salir de la crisis; hay que apostar a salir de la actitud quejumbrosa, lamentosa y no esperar que las cosas sucedan. Es necesario tener energía que nos sirva de vitamina ejercitando nuestros músculos y cerebros. Debemos desarrollar nuestra psicología aprendiendo que todo lo saquemos del alma nos sanará y lo que guardemos nos destruirá; evolucionar rompiendo los mitos y emociones enfocando la espiritualidad personal y tratar de descubrirnos con los otros lo que no hemos percibido, virilizar el amor para aspirar a convertirnos en endorfinómanos y esperar lo mejor después de que el barco arrime a feliz puerto y hallamos ganado el ajedrez de la Existencia al coronavirus, eliminándolo.
Cada argumento filosófico es y permanece en una senda a través de la jungla inmensa de las posibilidades que tenemos de buscarlas y construirlas con nichos ecológicos humanos contribuyendo a la comprensión, sirviendo de referencia en la perspectiva de una reingeniería humana con pensamiento glocal; no existe la claridad absoluta. Hoy nos toca convencernos con presupuestos ónticos que el concepto de Existencia no es matemático, ni lógico y menos ser una propiedad autentica como se ha demostrado a raíz de la pandemia del coronavirus.
La hermenéutica de la sospecha nos conduce a hacer juicios reflexivos como si nos preguntáramos: ¿cuáles han sido los gestos de solidaridad y hechos filantrópicos que denoten que los músculos económicos de la ciudad y del país hayan tomado de sus ganancias o riquezas acumuladas, producto muchas veces de la sobredimensión de la explotación de los nacionales que piden clemencia y viven en la informalidad? El realismo de esta pandemia va unido a la indiferencia consciente de aquellos que piensan más en su economía como Donald Trump; donde la suerte de la humanidad atraviesa por una odisea ante la supervivencia, cuando este magnate se considera dueño de la existencia de los mortales. El espíritu y el mundo juntos hacen el espíritu y el mundo. Repensemos a los que dicen llamarse humanos.

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