No se puede negar que la veloz propagación del coronavirus, rápidamente convertido en pandemia, está provocando un incalculable pánico en todos los mercados financieros del mundo, ocasionando de paso lo que se conoce como fuga de capitales, devaluación de las monedas frente al dólar y una cada vez más creciente amenaza de la aparición de una mayúscula recesión en el globo terráqueo.
Aunque en el inicio del grave problema parecía estar concentrada en China, el escenario que hoy se aprecia es completamente diferente, si tenemos en cuenta que en la fecha de hoy el brote pandémico ya está presente en al menos 190 países, con las altas cifras de afectados y fallecidos que se conocen.
A todo esto hay que agregar lo que se avizora en el horizonte, que no es algo diferente que al casi seguro desplome de los precios del petróleo y la ‘montaña rusa’ de las bolsas del mundo, lo que nos hace presagiar –aceptando el concepto de muchos expertos en la materia– que están considerando desde ya, la inminente aparición de una recesión económica antes que finalice el año, lo cual se constituye en una voz de alerta que ha comenzado a extenderse entre la mayor parte de los inversionistas.
Es notable el incontenible desplome bursátil que se produjo luego del informe de la Organización Mundial de la Salud anunciando que el coronavirus se había convertido en pandemia.
No se puede negar que día a día, ha venido creciendo el temor al contagio, lo que hace necesarias las medidas de aislamiento tomadas por el Gobierno y de otros países que han resultado golpeados duramente en sus principales fuentes de ingreso, un ejemplo de esto es el sector turístico, con aerolíneas que diariamente reportan inéditas pérdidas financieras que las han llevado a cerrar todas las rutas aéreas.
Es evidente que muchas empresas les han pedido a sus empleados que trabajen desde casa, mientras se incrementa el cierre de fábricas, un hecho que ha causado traumatismos en las cadenas de producción.
En este escenario es innegable que muchas empresas en Colombia y el mundo se están preparando para presentar resultados en rojo, y en caso que el crecimiento económico se siguiera estancando, con la lógica disminución en las inversiones y por consiguiente menos consumo en los hogares, se tornarían imparables los efectos económicos de la pandemia, circunstancia que como se evidencia podría generar un aumento en el desempleo y el estancamiento en los salarios.
No se necesita ningún esfuerzo mental para colegir que existen grandes posibilidades de que se produzca un panorama negativo en las principales economías del mundo y se les observe sufriendo un impacto significativo aumentando cada día que pasa, sobre todo si tenemos en cuenta que todos los países se ven expuestos a las consecuencias de la pandemia.
No hay que negar que nos encontramos muy cerca de una recesión mundial, aunque el principal signo de interrogación es ¿qué pasará con la recuperación a la normalidad?.
Las consecuencias en Colombia y Latinoamérica, luego de la caída del precio del petróleo en medio de la crisis por el coronavirus son definitivamente negativas para el crecimiento, esa adversa combinación entre caída del precio del crudo, el desplome de las monedas y el Covid-19, es definitivamente opuesta al crecimiento de cualquier país de la categoría del nuestro.
Aunque las proyecciones pueden variar hacia lo positivo, sobre este aspecto existe una especie de consenso entre los analistas financieros del mundo respecto a que el panorama debería mejorar en la segunda mitad del año, en la medida en que el coronavirus descienda en su ímpetu que se le observa hasta ahora.

Sin embargo, muchos advierten que el impacto económico está muy lejos de tocar fondo, todo depende de las medidas que tomen los Gobiernos, sobre todo si las autoridades de salud pueden retrasar materialmente la propagación del virus; depende igualmente de que tan rápido se propague el virus, cuánto tiempo pasará antes de que se encuentre una vacuna y qué tan efectivos serán los procedimientos para mitigar el daño.

Comentarios