En los últimos meses, millones de estudiantes, en Colombia y en el mundo, han entrado en modalidad virtual ante el cierre, temporal, de colegios por el brote mundial de la pandemia COVID-19, nombre científico del famoso “coronavirus”. Esto ha obligado a educadores, estudiantes y padres de familia a cambiar los esquemas a través de los cuales los niños y jóvenes aprenden. Lo cierto es que, esto está causando grandes problemas, especialmente para los niños pobres que dependen de sus almuerzos escolares para gran parte de su nutrición. Además, los niños de hogares pobres tienen más dificultades para adaptarse al aprendizaje en línea que sus compañeros de clase media o los más ricos. Muchos niños de familias de bajos ingresos no tienen acceso a computadoras, o a servicios de internet de alta velocidad. Otros no tienen padres que manejan el internet suficientemente bien como para ayudarlos a seguir las instrucciones de las clases de educación a distancia. Y muchos maestros aún no están capacitados para enseñar en línea.
Si bien es cierto que nuestras instituciones de educación tradicionales, desde hace varios años, han incorporado experiencias virtuales en los procesos de enseñanza aprendizaje, esta es la primera vez que debemos asumir el reto de ofrecer la totalidad de nuestros programas, pensum y currículos académicos por acceso remoto. Lo anterior, además, con pocas semanas de preparación ante este virus que fue declarado pandemia, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. Incluso, en algunos casos, este proceso se dio sin la posibilidad de realizar una prueba piloto para desarrollar los ajustes metodológicos necesarios a los servicios tecnológicos. Este nuevo escenario nos lleva a un desafío pedagógico muy ambicioso, nunca antes visto ante el corto tiempo de respuesta ni ante la necesidad de romper “el statu quo” académico al cual nos hemos acostumbrado todos nosotros.
Pero estos nuevos desafíos a nivel masivo acelerarán la búsqueda de soluciones tecnológicas. La crisis del coronavirus hará que los niños, padres, maestros y programadores de aprendizaje en línea se pongan las pilas para mejorar las plataformas de aprendizaje en línea. Y, en muchos países, esto puede ayudar a reducir la iniquidad social que producen las escuelas tradicionales. Debido a que esta realidad se está esparciendo y recrudeciendo en todo el mundo, quisiera compartir algunos lineamientos que, en mi opinión, los actores del sector educativo debemos tener en cuenta en esta modalidad de aprendizaje y enseñanza. Para que este tipo de educación funcione deben que existir dos factores principales: El primero es una disposición básica por parte de estudiantes y padres de familia para aprender. Este es un tema esencial, porque se debe dar valor a la oportunidad de aprender y prioridad a que estos procesos se lleven a cabo. Además, es una oportunidad única para lograr desarrollar autonomía en los estudiantes, con un propósito claro. La aceptación y adecuación al cambio, por parte de todos nosotros, no es una opción. La incertidumbre sobre el futuro, más que una amenaza, es una oportunidad, y la velocidad del cambio nos obliga a dar una respuesta rápida y a repensar la forma en que garantizamos nuestro sistema y aseguramos la calidad de la educación.
El segundo factor, es una infraestructura básica establecida por las instituciones educativas, públicas y privadas, en conjunto con los profesores. En este aspecto, los educadores son los que indican qué es lo que se va a aprender, cuándo y de qué manera. Las instrucciones dadas desde las instituciones educativas permitirán a los estudiantes y padres de familia organizarse para lograr tener los espacios apropiados de aprendizaje. Una vez los dos factores esenciales están definidos, debemos entender que existen dos formas de trabajar de manera virtual: Sincrónico, donde los estudiantes y el profesor están conectados al mismo tiempo, pero en lugares diferentes y asincrónicos, donde el profesor establece una rutina de aprendizaje, pero no está conectado simultáneamente con los estudiantes. Cada institución definirá cómo llevará a cabo el aprendizaje dependiendo de la edad de los estudiantes, el currículo definido y los recursos disponibles. En ese sentido, el trabajo de estudiantes de preescolar, por supuesto, debe ser muy diferente al de los de educación media. Por supuesto, no todo es responsabilidad de la escuela y sus maestros. Los padres, la familia en general, y, sobre todo, los mismos estudiantes, tienen que aportar su grano de arena en aras de solventar, lo mejor posible, toda esta situación caótica y de mucha confusión.
Explíqueles a sus hijos lo que está pasando. En estos momentos, sus hijos pueden no entender exactamente lo que está pasando en el mundo. Dedíqueles un rato importante para explicar toda la situación y cómo, al quedarnos en casa, podemos empezar a prevenir la dispersión del virus. Establezca un lugar apropiado para trabajar. Busque un sitio y adecúelo para que sus hijos puedan estudiar de manera cómoda. Esto puede ser un escritorio o la mesa donde comen, lo importante es que sea un sitio que tenga buena luz y que sea lo más agradable posible. Mantenga las rutinas. Es importante diferenciar que esta no es una época de vacaciones y que el aprendizaje continúa. Por esto, mantenga las rutinas de los niños y jóvenes lo que más pueda. Esto quiere decir que ellos se deben levantar, vestir y estar listos para el aprendizaje al igual que si estuvieran asistiendo de manera presencial. Las rutinas ayudarán a los estudiantes a estar más dispuestos a aprender. Por último, y no menos importante, involúcrese en el aprendizaje de su hijo, porque si bien sus hijos son los responsables de su aprendizaje, pregunte con frecuencia qué tipo de cosas están haciendo, cómo lo están haciendo y si necesitan alguna ayuda.
La crisis del coronavirus, acelerará la revolución digital en curso en todos estos campos. Es demasiado temprano para saber si el resultado general será positivo, pero en materia de educación, será una buena herramienta para reducir la desigualdad. No cabe duda, de que con la llegada del coronavirus se impulsará, de manera exponencial, la educación a distancia. Este nuevo modelo educativo de “aprendizaje combinado”—mitad en línea y mitad presencial—debería ser el futuro de la educación. Esta es una oportunidad única para que ensayemos, innovemos y aprendamos a trabajar de manera virtual. Más allá del aprendizaje académico, no olvidemos la importancia del vínculo entre las personas. La tecnología nos puede ayudar en que nos mantengamos conectados para que entre todos nos cuidemos física y emocionalmente en estos periodos de incertidumbre. Finalmente, quiero insistir en que incorporar la tecnología en las instituciones de educación solo tendrá impacto positivo si existe una cultura de uso y apropiación de ella en el aula y, fundamentalmente, si contamos con un modelo pedagógico innovador que lo oriente a favor de todos los actores en la educación.
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