Una vuelta a la higiene: curricularizar el autocuidado

124

A raíz de la pandemia protagonizada por el virus COVID-19, podemos decir, que existe una conexión entre el currículo y el autocuidado. Por lo tanto, la escuela debe promover, desarrollar y fortalecer una Pedagogía de la Autocuidado, como es la autorregulación hacia la sanidad y salubridad escolar y fuera de la institución. Esta conexión es especial y altamente convincente, pues son muchas las ventajas que pueden coordinarse con la familia, la sociedad y el Estado para alcanzar una higiene preventiva, es decir, pedagógica, saludable y deseable. Es muy posible que estas conexiones puedan estar simultáneamente en dos estados: uno en la actividad que promueva el currículo escolar y otro en el que las conexiones de la escuela con los otros actores deben estar activos de manera permanente. Se trata de crear estrategias de higienizar a miembros de la comunidad educativa desde las áreas del conocimiento (no se trata de una Cátedra más, sino de curricularizar poderosamente reglas de higiene en el Manual de Convivencia y en los contenidos de enseñanza), a fin de avivar toda la red de conexiones hasta alcanzar un estado más activo de prevenciones.

Especialmente interesante es la estructura de conexiones que conectan las diferentes estrategias creadas, por ejemplo, las que promueve el Ministerio de Salud y cómo ellas se desarrollan como autonomía del cuidado entre la comunidad escolar para influir con posibilidades reales de prevención entre los educandos. En otras palabras, si se construyen colectivamente estas estrategias adecuadas, podemos confiar, en que la escuela puede corregir las fallas de sanidad y salubridad que se den por fuera de la institución escolar. Es aquí donde cobra importancia el concepto de conexiones del currículo con las prevenciones, es decir, curricularizar el autocuidado. Se trata de una idea sencilla pero profunda: es querer dar el salto de estas conexiones en aras de la salud como bien de todos, donde la escuela asume esa pedagogía del autocuidado, para que los actores externos contribuyan a fomentar el desarrollo de estrategias sociales y culturales (la higiene es una práctica y un discurso cultural) que respondan a una determinada situación, por ejemplo, la pandemia actual. El Estado y las EPS deberán realizar las inversiones para este debido acompañamiento, haciéndolo a los sectores más vulnerables de la sociedad, que son fácilmente identificables dentro de la comunidad escolar. En esta conexión la escuela con su currículo, se convierte en un laboratorio de investigación educativo-formador, realmente noble y deseable: una falla en estas conexiones afectará a todo el conjunto social, que es lo que en la realidad nuestra, la que estamos viviendo, está aconteciendo. No sólo son importantes las conexiones a lograr, fomentarlas cuenta, pero, también cuenta la fuerza que empuje cada una de ellas para hacer real este ideal constitucional, de una vida sana y digna, como pregona nuestro Estado Social de Derecho en el Preámbulo de la Carta Política de 1991: desarrollar y fortalecer prácticas y discursos de autocuidado en los espacios escolares. En este sentido la conexión escuela (currículo)-familia-sociedad- Estado, cobra importancia, en tanto crean escenarios y esencias misionales a favor de todos: aumentan la viabilidad de flujos de innovaciones curriculares y extracurriculares desde el fomento de favorecer prevenciones frente a casos delicados de salud pública, como el virus actual. Hay que educar más a nuestros gobernantes con una fuerte sensibilidad social, a los empresarios, a los políticos, para que la escuela pueda hacer su trabajo de higiene escolar (con un currículo que favorezca una pedagogía preventiva con reglas para avivar estas redes de conexiones: ejemplo que puede darse con países hermanos).
¿Cómo cuadramos estas conexiones con el caso pandémico actual? Para responder a esta pregunta, es importante reconocer un grave problema frente a esta pandemia global. Los Estados del planeta no han tenido en cuenta el hecho; por ejemplo, que los desplazamientos entre países y continentes, deben hacerse acompañar de duros controles de prácticas y discursos de autocuidados de las sociedades desde sus respectivos gobiernos (muy a pesar de la existencia de la OMS). Es posible que una multitud de personas viaje a China u otro país (antes de la pandemia), preguntándonos: ¿cuáles fueron los cuidados y reglas de protocolos de los estados para esa multitud al llegar a un país? No había controles de advertencia de sanidad. Es a los estados a quienes cabe la responsabilidad mayor. Las advertencias al ingreso y egreso era para ver quién era o no terrorista, y nos olvidamos de lo silencioso que es la propagación de los virus. Una vez que reconozcamos el papel responsable de viajar a países y continentes, nos preguntamos nuevamente: ¿dónde está la argumentación reflexiva de la enseñanza de la geografía, por ejemplo, frente al conocimiento de esos lugares iniciadores de la pandemia, o de sus tradiciones culturales, por ejemplo, de sus prácticas de higiene. Del 100% de los colombianos, ¿cuántos sabíamos de la existencia de la ciudad de Wuhan, en la China central, concretamente en la provincia de Hubei?

Aventuradamente, podríamos decir, que escasamente el 0.1%. Una vez que reconozcamos el papel de la escuela en el autocuidado, todas esas prácticas y discursos comienzan a aclarase. De esta manera la escuela, como institución principalísima de la sociedad vuelve a hacer una entrada triunfal en este encuentro de encuentros y desencuentros de conexiones: donde las expectativas se determinan de cómo estas conectividades apoyan, promueven, desarrollan y fortalecen el autocuidado como práctica de higiene personal, familiar, social y una política de Estado. Es el resultado deseado. Lo esencial del argumento anterior es que, por ejemplo, una comunidad educativa, será muy celosas de sus prácticas y discursos de higiene al querer institucionalizarlas en sus respectivos manuales de convivencia. Esta tendencia es plausible y puede potenciar los estados de salud de la sociedad. Eso es lo que precisamente ha fallado en la actualidad: el problema de salud local o global se lo dejamos a las EPS privadas, cuando se trata de involucrar las conexiones arriba anotadas. Han fracaaado las estrategias de los sacerdotes oficiales de los ministerios de educación y de salud, como la tan cacareadas “escuelas saludables”. El problema a futuro tendrá solución y se avivará, si se avivan las conexiones con posibilidades reales, es decir, lo presupuestal, lo financiero puesto al servicio de la Pedagogía del Autocuidado. El problema, a partir de esta crisis sanitaria global que ha impactado drásticamente nuestro debilitado sistema de salud, es activar por y para siempre estas conexiones con posibilidades reales, lo cual nos explica, por qué los alcaldes y gobernadores han asumido roles protagónicos en esta crisis pandémico, y por qué la sociedad, la escuela y la familia, al unísono debemos exigir al gobierno crear una nueva modalidad de llevar educación gratuita al pueblo. Creemos que las EPS no están contribuyendo con la salud de los más vulnerables (que deben acudir a la acción de tutela). Hay que sacar avante una economía de la salud, no para el enriquecimiento del sector privado. La salud es un bien público, y al igual que la educación, es un bien público, con la diferencia, que la salud, si es un Derecho Fundamental. Esto significa, insuflar recursos para contar con una salud pública en buena salud, y aquí la escuela contribuye con esas lecciones de una Pedagogía del Autocuidado.

El currículo escolar desempeña un papel importante en la determinación de las sendas de desarrollo de esas varias estrategias de conexiones que hemos presentado. Nos basamos en la creencia de que la sociedad espera de la escuela, pero, esta espera de los otros actores que contribuyan con ella, para que esta institución, no sólo sirva para el desempeño de “producir” estudiantes para “obtener altos puntajes” en las pruebas de Estado: la Escuela debe ser un gran Laboratorio de Investigación de la realidad. Se trata de “aprovechar” investigativamente la larga permanencia de los estudiantes en este espacio, desaprovechándolo como laboratorio. Esta es y debe ser la apuesta: la Escuela como ese Laboratorio de la sociedad, desde el rector con sus docentes investigadores.
[email protected]

#DIARIOLALIBERTAD

Comentarios