Ruptura de la tradición deja un Carnaval en estado moribundo

Cada año, una vez terminan la fiesta más importante del país, como es el Carnaval de Barranquilla, se inician balances y se entregan conclusiones de la misma, siempre desde la orilla de los organizadores, que son los mismos dirigentes de las entidades que montan dicho espectáculo, y hasta de los gobernantes locales de turno. Es toda una organización bien orquestada, aunque es una sola entidad la que manda, la que organiza y la que dictamina lo que debe hacerse, manejando a su antojo a los llamados hacedores, gestores y pro- motores, así como a agremiaciones de disfraces y personas comunes y corrientes que toman parte de dicha actividad.
Como dice el portal corrupcionaldia. com, “se han inventado diferentes nombres y figuras, tales como Carnaval SA, Fundación Carnaval, Carnaval SAS y otras, para desafiar y burlar la tributación y la vigilancia de la Contraloría y Procuraduría en el uso de dineros públicos, concedidos en el usufructo del espacio público, subarrendando los espacios de los palcos y cobrando por la publicidad visual colgadas en postes del alumbrado, vendiendo puestos en los desfiles a empresas para mover sus productos, en desmedro de los verdaderos artífices del Carnaval relegados a posiciones incómodas en donde muchos apenas si logran salir en los desfiles cuando gran parte de los espectadores abandonan ebrios, cansados, las improvisadas graderías de la Vía 40”.
Aunque en Barranquilla todos saben quien o quienes son los que están detrás de tan lucrativo negocio, siempre hay una figura que es quien aparece, da órdenes, organiza y decide lo que debe hacerse, por encima de las normas, leyes y decretos que puedan existir, sin que las Administraciones distritales digan o hagan algo para oponerse a semejante dictadura. Desde hace varios años, la emperatriz del Imperio Carnavalero es la señora Carla Celia.
Como estamos de acuerdo en gran parte con la posición crítica de la página web corrupcionaldia.com, tomamos algunos de sus análisis. Por ejemplo, este:
“Como es su costumbre tras la culminación de las fiestas, la directora de la empresa del Carnaval aplicó en los medios de comunicación su comunicado de victoria: “Es el mejor carnaval de los últimos años”, que, traducido al lenguaje burocrático, es el más soberbio de sus 11 años de gestión, siempre con la impronta de avasallamiento de lo comercial sobre lo cultural, la desorganización en la programación de los eventos con baches, marginamientos y rupturas de la tradición dejando en balance un carnaval en estado moribundo. No es exageración ni nada por el estilo, pues la profunda mutación desarrollada en la administración de Carla Celia consistió en desmantelar el sentido transgresor de los actores del Carnaval, promoviendo
en el espacio temporal de las fiestas, una serie de eventos pagos en donde tangencialmente circulan, cada vez con mayor recelo y discriminación, los llamados hacedores. No es casual que los eventos culturalmente de mayor relevancia y sin costos estén fuera de la órbita de acción de esta empresa. Allí están como ejemplos La Noche del Río, casi liquidada este año y salvada por la presión de las redes sociales; Carnavalada, Noche de Tambó, Batalla de Flores del Recuerdo y otros eventos similares que presentan un singular contraste con los costos de la velada de coronación, los palcos en la Vía 40 para presenciar la Batalla de Flores y La Gran Parada; aparte, claro, de las fenomenales fiestas privadas con invitación especial para amigos de la casa y la causa”.
Las quejas van y vienen, sobre todo las de los llamados hacedores del Carnaval y obviamente las de la gente del común, o sea el ciudadano de a pie. Por ejemplo, vuelve a decir
corrupcionaldia.com: “Este año se quejó, entre otros artífices culturales del carnaval, en tono amargo y casi resignado, Alfonso Fontalvo, director de la danza El Torito Ribereño. Dijo que los estaban limitando. Que los coaccionaban al interior de sus con- tenidos y que incluso habían vetado la presencia de mujeres”. Cerramos este comentario con el siguiente párrafo de la mima página web, con el cual nos identificamos totalmente: “Todo lo que han podido apagar o suprimir con diversos métodos lo han hecho. Las populares verbenas barriales que convocaba a bailadores, reinas de la cuadra y el surtido musical con los poderosos ‘picós’ los acabó la legislación mal entendida de la Secretaría de Gobierno, ante la mirada cómplice y complaciente de Carnaval S.A. Eran competencia directa de muchos de los espectáculos que montan por sí mismos o por interpuestas personas en torno al jolgorio alrededor de la música”.
#DIARIOLALIBERTAD

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