La vida es más complicada de lo que uno supone, ¿por qué antes de actuar no conectamos nuestras decisiones con las neuronas, dejándonos arrastrar por las emociones ciegas sin ningún manejo inteligente? Las castas políticas maquiavélicas, retorcidas, maniqueas, fraudulentas, asentadas en Barranquilla, el Caribe y otras regiones del país sufrieron una equivocación garrafal y fundamental al conducir a la excongresista Aida Merlano a la asfixia existencial y querer hacerla desaparecer política y físicamente tal como se escuchó en sus alocuciones; las castas políticas con sus súbditos, cómplices y verdugos no discernieron sobre la coartada en contra de Aida y terminaron liándose hasta el extremo, según lo relatado por ella, al calificarlas como un “grupo criminal y mafioso” que, por analogía, puede compararse con la novela de Mario Puzo, “El Padrino”, de genero criminal con su tesis de que “sin un propósito la vida carece de sentido”.
Estas castas obsesionadas por conseguir cosas y dineros y por continuar oscureciendo la vida política de la Nación, desbordándola de corrupción, ejercen tratos miserables sobre la gente, tal cual la obra de Víctor Hugo, como si también fueran cosas; consideran que en eso consiste tener y ejercer poder. Así se portan con sus amantes, con sus amigos, con sus empleados, con sus rivales políticos, con todo bicho viviente. A este tipo de práctica no escapó Aida Merlano; simulando que la excongresista es la responsable directa del delito cometido, negando que son participes y promotores a la vez.
Para estas castas políticas solo existe el poder y este poder es sobre la gente, que ahora recayó sobre Aida Merlano; hicieron su esfuerzo malhechor al tratar de llevarla al ostracismo o hacerle un obelisco donde nadie diera con ella por una acción criminal. Aida Merlano va más allá de su fuga espectacular; la complejidad amoral y política de estas castas radica en que con su accionar quedaron retratadas en el inconsciente colectivo de los colombianos y de la opinión internacional. Quieran o no quieran las castas, su ADN político y moral está tiznado de una ceguera mental y falta de sensibilidad humana de los involucrados y comprometidos en el montaje de la “Casa Blanca”, la reclusión, las fugas y la detención de Aida en Venezuela. Las castas políticas no pueden desconocer su equívoco aberrante al pensar y actuar definiendo a las personas como cosas; somos humanos como lo plantea Fernando Savater en su libro “Ética para Amador”. Qué coincidencia fatal que, uno de los actores centrales del caso Merlano y sus intríngulis, en su primera aspiración como gobernador del Atlántico se atrevió a referenciar a Savater, ahora hizo lo contrario.
Aida Merlano fue objeto cosificado de todo tipo de utilización por estas castas del poder político local obsesionadas solo por su enriquecimiento y empoderamiento, para lo cual acuden sin escrúpulos al fraude y la corruptela. Pero, se equivocaron con graves implicaciones y se olvidaron de que la vida nos enseña que las personas no son cosas y éstas se rebeldizan cuando son asfixiadas. Las castas políticas con sus actores, según el historial manifiesto por Aida Merlano, cometieron el más grande y aterrador error al pretender que podían influir manipulándola, extorsionándola, sacrificando a todo el mundo porque les da la gana. Análogamente ese es el trato que le dan a sus negocios boyantes en lo electoral, comercial, burocrático, contratación pública. Sumado a estos vectores contaminantes el escándalo Merlano con el ventilador prendido giró sus hélices hacia expresidentes, subpresidentes, exministros, excongresistas y grandes conglomerados económicos del país como el Grupo Aval, el sistema inmobiliario, el exfiscal, hasta el Junior he hicieron parte de la jugada. Las castas se equivocaron con la joya de la corona ahora en manos del gobierno oficial de Venezuela.
Estas castas políticas, nauseabundas y enlodadas de corrupción creen que el dinero es Dios y que sirve para todo; sin embargo, no pueden comprar una verdadera amistad y que a fuerza de éste sólo se consigue servilismo, burocracia o sexo mercenario, pero nada más. Cuando tratamos a los demás como cosas, a la manera en que lo decía Kant, lo que recibimos de ellos son también cosas: al estrujarlos sueltan dinero, como si fueran instrumentos mecánicos. Lo del trato es importante, NO lo que hicieron las castas con Aida, porque su naturaleza es la de subvalorar a las personas como humanos y tratarlas como mercancía que tiene valor de uso y valor de compra con el fin de obtener ganancias. Los humanos nos humanizamos unos a otros. Ahora, Aida Merlano despersonificó a estas castas políticas y las deshumanizó al quitarles las máscaras dejándonos ver su verdadero rostro purulento que da asco, repugnancia, aversión, náuseas y disgusto nacional. Al citar la Corte Suprema de Justicia al senador Arturo Char Chaljub; demuestra que lo que hicieron con Ayda Merlano fue un pésimo “ensayo” por parte de las Castas Politicas.
Repensemos la Política de Colombia.
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