Y del cuerpo ¿qué?

62

Son imágenes, formas de una mujer con traje de marca, ajustado a su cuerpo, visitando la cuadra. O la imagen de otra joven, que en short de escándalo provoca miradas de deseos en los ojos de los pasajeros del bus que la observan alejarse en la entrada de un barrio pobre. O el muchacho que sale cargado de fatiga del gimnasio afanado por configurar los músculos de su cuerpo.
Y si ese muchacho se preocupara por afinar también su espíritu habría más coherencia, escuché a un profesor en conversación con otro.
No creo, es otro consumista más, un creyente de la belleza física, fue la respuesta del colega.
Supongamos, ahora es mi voz la que se escucha en el espacio mental mío, que tu piel es el traje que cubre tu cuerpo, no el traje ordinario de todos los días, no el de las formas aparentes del satín y las marcas. Este nuevo traje natural no requiere las máscaras felices de los que todavía incitan el carnaval. La piel cubre la desnudez invisible, lo esencial del ser e incluso las entrañas, pero no olvida nunca la decencia, el pudor y la vergüenza.
No hay afán para los cambios, era otra vez la voz del profesor, hay que luchar contra la costumbre del traje y esperar la fatiga de la sociedad.
El cuerpo se adapta, pero sabe que las formas no son eternas.
El otro traje, otra vez era mi voz, el de la tela de satín, es costumbre, tradición, formas inventadas para cubrir el miedo, el vacío.
Si la desnudez fuera gratuita entonces los humanos estarían más cercanos a las esencias del ser, del yo, de la tierra y la naturaleza, del mar y los ríos, de los animales y el aire, y no abocados a las máscaras y a la hipocresía de hoy. Seríamos más coherentes y también más originales, y la mentira del cuerpo sería innecesaria – cero cirugías -, o quizás el mismo cuerpo no tendría las formas que se aman en un traje.

El traje miente, escuché otra vez la voz del profesor.
Mejora, pero no es la verdad. Era otra voz insurgente de un nuevo interlocutor.
Es la tiranía de la moda, profe.
Es el miedo de no ser bellos sin el traje.
Por eso la pintura.
Es necesaria, profesor.
Pero que no se exagere.
Son nuevos tiempos, colega.
De acuerdo, la belleza es un concepto de consumo. Más aun, según Bauman, un concepto más líquido, que sólido.
Abandonamos la tienda y cada uno de nosotros buscó su norte, dejando las ideas puestas en cada cabeza. Nos despedimos: adiós.

Comentarios