ELN: el tiempo de su guerra terminó

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La policía le exigió al ELN que aclare cuál fue la suerte de los 7 secuestrados que aún se encuentran en su poder.

Por EDWIN PALMA EGEA

Al Ejército de Liberación Nacional (ELN), se le ocurrió celebrar el Día Internacional de la Radio declarando objetivo militar a un periodista de Arauca, por no asistir a las reuniones a las que lo convocaba ese grupo armado y por no publicar lo que le ordenaban.
Cómo lo han dicho múltiples reportes de organizaciones de periodistas, en especial de la Fundación para la Libertad de Prensa, los actores armados persiguen, censuran y asesinan a periodistas en los territorios en los que operan. El año pasado, según esa fundación, fueron asesinados dos comunicadores, en Nariño y claro, Arauca.
El ELN distribuyó la semana pasada un video, de esos que asustan, anunciando paro armado y gracias a las porosas redes sociales se convirtió en viral, aterroriza a la mayoría y paraliza a muchos durante tres días y se nos olvida que ese grupo a pesar de la bulla que hace, a punta de explosivos y voladuras del tubo (oleoductos) solo puede operar en algunos territorios como Arauca, Chocó y el Catatumbo y claro, reclutar a dos o tres para tratar de alterar las marchas de las ciudades.
La historia reciente del ELN está llena de fracasos militares, terrorismo indiscriminado y enriquecimientos a punta de secuestros y voladuras de oleoductos de las que se aprovechan también múltiples pillos para robar combustibles que le cuestan billones al país en petróleo y derivados perdidos, destrucción ambiental, sin contar los miles de militares dedicados a cuidar la infraestructura petrolera. Es conocido que cuidando campos de coca y laboratorios de cocaína en Colombia y Venezuela recibe otros miles de millones que le generan división interna, corrupción y pérdida de unidad de mando.
Sin embargo, también es cierto que su discurso y su intención sigue siendo política, no son solo simples terroristas y ladrones, por eso la solución política debe ser el camino y en eso los juegos de guerra del presidente y su partido, que ni de centro, ni democrático tienen algo (es la única colectividad política del país con presidente vitalicio), son uno de los tantos errores de este gobierno que no nos da tregua en metidas de pata.
Nací en Barrancabermeja no hace muchos años y la violencia ha sido parte sustantiva de mi vida, por eso la rechazo de manera radical y como muchos colombianos nacidos en zonas de orden público, cargo con un pesado estrés postraumático que me despierta en las noches con cualquier ruido o que me obliga a mirar a todo lado cada minuto, además convivo con escoltas más tiempo que con mi familia desde hace una década. Barrancabermeja ha pagado su riqueza petrolera enorme con la presencia de todos los actores armados, que a sangre y fuego y afectando a decenas de miles de civiles siguen viendo a mi ciudad como botín.
Y ahora que presido la Unión Sindical Obrera soporto también andanadas en redes sociales donde hay tantos, que sin saber o preguntarse o por pura gana de dañar, nos gradúan a todos de terroristas y monstruos. Insisto, repito, el sindicalismo ha sido tratado como objetivo militar por todos los actores armados y el ELN tiene su cuota de víctimas en el sindicalismo.
Y es probable que gracias a esta columna reciba amenazas, pero es que estamos cansados y yo estoy agotado de esta violencia inútil que nos ha significado tanta muerte, tanta riqueza de los colombianos perdida inútilmente y tantos compañeros muertos, exiliados, amenazados o heridos, que han convertido la actividad sindical en oficio de altísimo riesgo.
Solo esta semana la USO ha recibido amenazas en Neiva contra toda nuestra dirigencia que pacíficamente se opone a que Ecopetrol entregue la operación de sus ricos campos petroleros en el Huila a otras filiales y en Puerto Gaitán (Meta), el tesorero y el presidente de nuestra subdirectiva han sido víctimas de atentados.
Mientras la guerra contra el narcotráfico persista, mientras la negociación con el ELN esté cerrada, mientras el Estado, a pesar del aparato militar más grande de América Latina, que nos cuesta 38 billones de pesos al año, sea incapaz de ganar el monopolio de la fuerza o no pueda proteger la vida y la actividad de líderes sociales y tenga tantos líos para ejercer ese poder de violencia respetando estándares de derechos humanos, no podremos vivir como ciudadanos del común, ni ejercer con normalidad libertades como la sindical igual que en cualquier democracia occidental.
Sépanlo, en la USO seguiremos luchando por la paz y rechazando la violencia venga de donde venga, haremos todo para no devolvernos a la guerra. Señores, el tiempo de la guerra terminó.

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