Se está acercando el jolgorio carnavalesco en esta urbe, pero  hasta el momento no habido un programa multidisciplinar  para controlar el azote delictivo  en Barranquilla y su área metropolitana que influye   notoriamente en la agitación criminal. Para  este programa es destacado vincular personal de la comunidad con el fin de sensibilizar a los que se divierten cálidamente.
En esta ciudad existen varios focos perturbadores de la seguridad y  ocupación de  la vía pública, entre otros podemos  denominar la carrera 44 con calle 74, sitio de baile que se le debe prestar atención, puesto que en los últimos meses ha sido escenario de brotes de violencia, esto porque a esta zona  llega mucha gente extranjera, interioranos y parroquianos, al parecer el  propietario no deja ir a sus clientes y los acomodan en la vía pública, lo cual impide la circulación de la gente y el tráfico, violentando con esto las  disposiciones en vigor. Así como están las cosas, a ese patrimonio cultural  tendrán  que trasladarlo  en  las  fiestas de carnaval al coliseo de basquetbol Elías Chegwin. Allí me imagino los usuarios  estarán más controlados, contentos, sin hacinamientos y seguros.
En esta urbe no se le puede olvidar a las autoridades administrativas y policiales el control férreo de  los  moteles o como se dicen popularmente sitios de encuentro íntimo, en razón a que en estos puntos  se aglutinan muchas  parejas, que esperan su turno para entrar, pero el problema radica en que afuera se presentan largas filas, que obstaculizan la vía peatonal, frenando  la movilidad del viandante.
En los días de carnavales se  ha  podido analizar que la ley de oferta y demanda dentro del narcomenudeo comienza a intensificarse, pues como existe gran demanda de drogas legales e ilegales la oferta comienza también a desarrollarse. En este campo el alcohol y el cannabis sativa sufren un vertiginoso consumo dentro de  la población lubricada de carnaval. Es de suma importancia que las diferentes autoridades se preocupen  del  comportamiento  humano después  de la 12 de la noche, porque simplemente en este espacio de tiempo el consumo  de sustancias tóxicas se profundiza, por  lo que es allí donde se intensifican las contravenciones y conductas criminales.
Es evidente que con el carnaval llega mucha gente, algunas  son  pertenecientes a estructuras  delincuenciales itinerantes  que recorren ciudades y países  sumergidos en fiestas solo con el ánimo de ejecutar acciones  criminales. Después de finalizar  los días de rumba salen rápidamente a sus lugares de origen.
En los días de la juerga carnavalesca los delitos que más se transgreden en el código penal colombiano son los del patrimonio económico, contra la vida y la integridad personal. Por lo anterior es trascendental que la policía aumente su personal en  reacción activa y proactiva, inclusive la administración  pública debe de colocar  lo más pronto posible cámaras de  video-vigilancia de alta resolución en diferentes focos perturbadores de la ciudad y  barrios. Indudablemente estos elementos serían  valiosos para la seguridad pública, la cual contribuiría como  documento de prueba y proceder disuasivo del delito.
Las Secretarías de Salud juegan un papel importante en estas fiestas ya que las entidades de carácter departamental y distrital deben unificar estrategia preventiva y  curativa. Igualmente se debe fomentar campaña por periódicos digitales, redes sociales y los medios de comunicación escrita y radial, todo con el objetivo simple de  humanizar a la comunidad  sobre las enfermedades de transmisión sexual.
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