Formación de abogados

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Proyecto de ley del Ministerio de Justicia busca potenciar los consultorios jurídicos para optimizar formación de futuros abogados

Por DANNY MIGUEL AMARIS

La formación de abogados, un tema muy importante que hablar ya que el abogado en su interés será determinante para el buen funcionamiento de cualquier política o reforma que se implemente y, de allí la importancia de una definición los mínimos de calidad para los programas de derecho, los programas son importantes, el saber llegarle al estudiante de una manera pedagógica y de enseñanza, que sea
atractivo, que su atención se centre en su carrera en la formación del ser abogado, en eso se están centrando las universidades hoy en día en saber envolver al estudiante en la carrera.
EI abogado es, por antonomasia, un defensor de causas, derechos y libertades, en ocasiones, de los más desprotegidos diría yo, el fin último de esta profesión, formación es, o debería ser la lucha por la dignidad humana, por la igualdad, y
ser un defensor, nuestro papel en la sociedad es de una importancia capital, pues cumplimos con la labor social de mantener vigentes los derechos de las personas en la sociedad. Algunos abogados se convertirán en jueces y ya se sabe de la relación que hay entre jueces y democracia. Es por ellos que del abogado se
exige una capacidad transformadora. Un enfoque humanístico y un interés en el cuidar de los demás.
Los escenarios donde se formen los abogados tienen un valor muy importante en todo este proceso, la priorización de los escenarios educativos en los que se privilegie la construcción de un ciudadano íntegro, formado en ética y valores, nos entregará no sólo personas capaces sino apta; para ejercer el derecho y administrar justicia. Así, independientemente de la institución que elija, podrá confiar en que el programa escogido cumpla con determinadas características de calidad. Aunque cada programa tendrá un ámbito de actuación amplio que no podrá ser
desdibujado, también deberá cumplir con unos mínimos dirigidos a asegurar una educación de calidad para cada interesado en contribuir a la
sociedad desde el ejercicio del derecho.
La formación de futuros abogados en las aulas universitarias debe tener unas exigencias superiores a las de otras profesiones, teniendo en cuenta la sensibilidad e importancia de su ejercicio, el cual debe tender hacia el camino de la justicia. Siempre se ha cuestionado el exceso de profesionales de derecho y su baja calidad
ética y profesional que conlleva a la creación de nuevos programas que inician labores las condiciones mínimas, y lo que es peor, sin que la sociedad los requiera. Muchos consideran que abrir una carrera de derecho es sólo tener unas
cuantas sillas, contratar a unos recién egresados sin empleo y listo, ya están las condiciones para formar ‘abogados’. Sin embargo, el asunto no debe ser así. La formación de profesionales en esta ciencia no debe tomarse a ligera.
En la vida, el hombre diariamente es capaz de enfrentar y afrontar los problemas que se le ponen al frente, pero ya son muchos los abogados que caen en crisis, quiebran por no tener clientela en sus estudios jurídicos, se endeudan, se atormentan a sí mismos por su frustración, etc. Bajo la consigna de «el
abogado que no litiga, no es abogado», muchos viven en este engaño, olvidándose
que el abogado también puede destacar en otros ámbitos y no solo ser el obrero o
marioneta del Poder Judicial o Ministerio Público, o haberse quemado las pestañas
durante seis años de estudio para terminar colocando sellos en mesa de partes o dando informes en la coordinación de los tribunales. ¿Para esto estudian derecho?
Privan la enseñanza de la Filosofía del derecho, porque la misma sociedad jurídica
quiere que el abogado cada día sea menos abogado, piense menos y no se ponga a cuestionar todo lo que puede realmente ser capaz de lograr. La Filosofía del Derecho te enseña a leer de manera crítica y objetiva, pero son los mismos abogados que no quieren leer más de dos o tres carillas, abandonando completamente la teoría o pensamiento jurídico que puedan encontrar en las obras de los grandes juristas, pues no se ponen a pensar que la Teoría del Derecho es una estrategia sólida y convincente para ponerlos precisamente en práctica y obtener los resultados que tanto se busca.
Precisamente la Filosofía del Derecho, trata sobre la búsqueda y solución a los problemas que el Derecho posee.
Muchos aun piensan que el estudio de la Filosofía del Derecho, solo trata de vanas sendas turbias y confusas de donde no se extrae nada bueno. Pensar así, es vivir equivocado, pues sin la filosofía del derecho, no existirían las constituciones políticas y mucho menos los códigos. La doctrina y el estudio de la Teoría General del Derecho avalan esta postura.
Los abogados quieren aprender cuestiones prácticas y elementales que le ayuden a solucionar los conflictos de intereses que día a día ven, pero se olvidan que la
Filosofía del Derecho les puede dar muchas más luces de como regular el comportamiento humano, en base a la norma y en base a la doctrina para obtener un mejor resultado en el caso. Lo que no dice la ley, lo que no se encuentra en el espacio jurídico, se encuentra en los confines del universo iuris, que solamente la Filosofía del Derecho hace que el abogado acceda. No se trata de devorarse un
centenar de libros de Filosofía del Derecho para demostrar erudición o soberbia ante los demás, se trata de leer mucha Filosofía del Derecho y saber en qué casos y medidas prudentes, puedo aplicar lo estudiado.
En conclusión, podemos decir que no hay nada de malo en que un abogado se prepare y estudie muy bien sus casos bajo el análisis que hace de los códigos civiles o penales, pero solo el abogado que aparte de hacer lo propia, estudia Y
se preocupa por ahondar en los terrenos de ‘la filosofía del Derecho, será aquel que logre superarse, no solo ante otros, sino también a sí mismo. La formación de abogados debe seguir evolucionando a través del tiempo, una carrera de mucha proyección en muchos ámbitos de nuestra sociedad.

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