Por: Gaspar Hernández Camaño 

En el libro de cuentos, calificados como magistrales, BESTIARIOS, el cronopio Julio Cortazar, incluye uno, escrito en 1947, titulado LA CASA TOMADA, donde uno de los dos habitantes, hermanos incestuosos, de una inmensa y confortable casa, relata como unos misteriosos personajes de sombras y ruidos la invaden, estrategicamente, hasta expulsarlos de la única herencia recibida por los hermanos, un varón que limpia, cuenta y hace mate y una mujer que teje eternamente.

Nunca se sabe, en ese relato cortaziano, de aquellos que inauguraron el boom de la literatura latinoamericana de mitad del siglo XX, quíenes se tomaron esa casa del Buenos Aires querido. Pero puede ser que el profesor Julio, por el embrujo de la poesia, haya presagiado los gritos y silencios de los sables y las desapariciones que se tomaron la Argentina en la década de los 70s. El arte se anticipa a la historia, muchas veces soñada.

Ahora que leo y escuchó que la sede en Puerto Colombia y otras sedes, de nuestra mayor casa de estudios superiores, la Universidad del Atlántico, están secuestradas, esos han declarado sus “rectores” o “profesores”, he recordado ese relato leído en mis años de bachillerato cuando soñaba estudiar en la vieja casa situada entre las carreras Progreso y 20 de Julio de la Barranquilla del siglo pasado.

Entonces, en mi vida fantasmal, me pregunto: el secuestro es un delito? Se puede secuestrar un inmueble de uso público?. Al secuestrar un inmueble se comete un delito?. Quíen o quíenes secuestran una Ciudadela Universitaria?. Tantos interrogantes y una realidad: La universidad no está ni secuestrada ni cerrada. Esta tomada por la intolerancia de misteriosos personajes que, como en el cuento de Cortazar, hacen ruidos.

En Colombia el delito de secuestro es un atentado contra la libertad personal. Contra la persona como individuo. Pero también se pueden secuestrar inmuebles como medida judicial. Y tal mandato no es delito, aunque afecte la libertad de negociar a los propietarios del bienes raíces su patrimonio. Son significados diferentes del lenguaje jurídico. Uno como acusación. Y otro como protección legal.

Así las cosas y las circunstancias, nuestra casa de estudios esta tomada, no secuestrada, ni con implicaciones punitivas ni penales ni comerciales. Esta tomada por un uso indebido del lenguaje. Es decir, esta incomunicada por sus propias autoridades y sus directos beneficiarios. No han aprendido a comprenderse entre si.

La Universidad en Puerto Colombia y en Bellas Artes, de acuerdo hasta ahora informado, esta TOMADA POR LA INTOLERANCIA. Unos hablan y otros no escuchan. Unos acusan y otros temen. Y, poco a poco, mientras se tejen “soluciones de facto”, la casa va siendo tomada por susurros, gritos, proclamas, amenazas, insultos, desmayos, alborotos y hasta por la rumba de Momo, dios desalmado y arrebatador. Unos desertan y abandonan la casa de sus sueños.

Para mi, digo en mi sonambulismo, la Universidad del Atlántico, en estos precisos momentos de su historia negra, caballeros, es UNA CASA EN EL AIRE.

Ingresan a sus instancias terrenales( no está secuestrada) a darse patadas y trompadas. Quien invita al debate, se desmaya, se enferma de muerte lenta del poder anhelado, no es anfitrión. Y antes había imputado secuestro, pero al ingresar escoltado, rompe el hechizo y desaparece el delito, aunque un bufón asalariado insulte a sus iguales.

Qué hacer?. Escucharse. La casa de estudios no puede ser propiedad de la intolerancia de unos y otros. El lenguaje racional, no el emotivo, es la solución. Y en la sociedad abierta, la intolerancia de parte y parte no es la solución. Bajen del aire y aterricen: la universidad es un bien público. Otra cosa es el clientelismo y la osadía.

La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Amen. Amén.

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