A los once años de tu partida, sigues siendo mi gran modelo de vida. Fuiste ese ángel que supo demostrar que con la educación, tu hijo podría ser mejor, y que valía la pena los sacrificios que hiciste por alcanzar tu caro objetivo. Fue tu goce.

Fuiste una Madre respetable y comprometida con tu ideal. Así surgió en mí pensar la figura de verte siempre como mi “Educadora silvestre”. Desde esta misión supiste generar una comunicación directa con mi educar, como una importante conexión entre mis ideales con los tuyos.

Un ejemplo concreto fue tu decisión de acompañar mi travesía hacia Popayán, que fue el centro neurálgico para ser cada día más y mejor, como esa construcción conjunta con la inolvidable tía Edenny, tu hermana, que ahora está contigo en la eternidad. Fue un ejemplo e imagen de lealtad con lo que fue tu brega.

De mi formación te encargaste radicalmente, pues ahora, paso a convertirte en mi imaginario latente, con las enseñanzas de vida que me prodigaste.

Definitivamente, aún hoy a once años de tu dolorosa partida, permaneces para siempre en cada gota de sangre de mí existir, pues soy sangre de tu sangre, hueso de tus huesos, como esa forma entrañable de generar memoria en los míos.

¿Por qué me duele tanto aún tu viaje al más allá? Porque tu memoria está presente en mí como enseñanza de vida, por tus sentimientos, que aún desde la eternidad nos unen. Tú seguirás siendo la representación misma de mi ser y de las características esenciales que por siempre nos seguirán uniendo.

#DIARIOLALIBERTAD

Comenta aquí: