Los teorizantes y luchadores por la paz en Colombia, no han encontrado la fórmula mágica o quizá ideal para cesar la violencia en el país, que cada día enluta a hogares, acaba patrimonios y extiende sobre el territorio nacional un tétrico y oscuro manto, como lo que ha logrado la paz sexual en Santa María del Puerto de Toledo de las Barbacoas, en el departamento de Nariño, cuyas mujeres, una vez más, desarrollan un proyecto a la manera de Lisàstrata, la hija intelectual de Aristófanes, pero no para darle fin a actos belicistas sino a la parálisis de 7 años en la construcción de una vía. “Huelga de piernas cerradas”, es el peculiar nombre que le han dado a la protesta, para motivar a sus maridos en la búsqueda de la solución, que para ellas también es un duro acto de abstinencia al disfrute libidinal. El reclamo a sus parejas en verdad no es justo, puesto que con él persiguen que sustituyan al Estado. Pero resolvieron hacerlo fundadas en la experiencia que ya tuvieron en 2011, cuando con la misma finalidad 300 de ellas lograron que durante 109 días sus maridos repararan el carreteable que de Telembì conduce a Pasto. El símil con esto, muy en boga en el país, de que el sexo hala más que cabrestante de buque, es aplastante. Los resultados fueron tangibles, pero la obra quedó incompleta, pues el gobierno adquirió el compromiso de invertir 40 mil millones de pesos en los 57 kilómetros de la vía, de los que aún faltan 4,5, que permitiría el fácil transporte de los productos agrícolas a los mercados, y la reducción del tiempo de 10 a 3 horas en el desplazamiento. Las promotoras de la paz sexual en Barbacoas no han inventado el agua tibia, pero están convencidas de su eficacia.
Aunque pintoresco, el proceder de las señoras barbacoenses es serio. Y lo es tanto que se organizaron en una fundación sin ánimo de lucro a la que le dieron por nombre “Piernas Cruzadas”, de la que no se conocen sus estatutos, y que, de divulgarse, seguramente daría lugar a muchas fundaciones similares, pues las mujeres han adquirido conciencia de su valía y superan a los varones en muchos campos, entre estos la educación superior, pues en la Universidad pública ya es muy visible su crecido auge en número y conocimientos. Lo mismo está sucediendo en la administración de asuntos públicos y privados, pero no tanto por obra de leyes y reglamentos, sino por méritos, que le abren camino a un matriarcado por el cual ya se escuchan voces que lo reclaman, especialmente en el sector oficial, por desaciertos ampliamente conocidos que no pueden atribuirse a cuestión de género, sino a la prevalencia de los varones en la asunción de responsabilidades y la toma de decisiones, pero, fundamentalmente, en la aceptación y el convencimiento de que la fortaleza de la diversidad enriquece la sociedad. Basado en esto, vale recordar a Lisàstrata, la ateniense que logra inducir a sus congéneres en la estrategia de estimular la libido de sus maridos para dejarlos “colgados de la brocha”, hasta que abandonaran la guerra y se consagraran a ellas. A las damas de Telembí les dio resultado su primera iniciativa y están convencidas de que triunfarán en la segunda. Ruby Cabezas, la dinámica líder de “Piernas Cruzadas” así lo concluye, con la creencia que de tener amplia divulgación la idea, será replicada con igual o mayor intensidad en otros lugares. Y al modesto parecer del columnista, no estaría mal. Ya lo han dicho personas de sexos tradicionales y no tradicionales. Seguir el ensayo respecto a asuntos de Estado, puede cristalizar la utopía de abrirle paso a las mujeres, así sea por solo unos pocos años, en el propósito focal de que controlen y vigilen la disposición y uso de los dineros públicos, para contrarrestar el latrocinio y la malversación, bajo la amenaza, que en realidad es un tormento, pero ojalá que sin éste, de promover la abstinencia sexual.
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