Lástima que las nuevas generaciones no hayan tenido la fortuna de conocer a “Cantinflas”. A lo sumo han visto sus imitaciones entre los disfraces del carnaval. Mario Moreno era el nombre de pilas de este popularísimo actor, productor, guionista y comediante del cine mexicano que protagonizó muchas películas exitosas –algunas de las cuales aún se ven, así sea en blanco y negro, en canales de cable– como: “El Padrecito”, “Ahí está el detalle”, “Si yo fuera diputado”, “El Ministro y yo”, “Un quijote sin mancha”, “El patrullero 777”, “El profe” y “El barrendero”, entre muchas otras.
“Cantinflas” tomó su nombre porque así le dicen en México a aquel que habla mucho y no dice nada y porque tenía la capacidad de ridiculizar lo que parecía ser lo más serio. Son anecdóticas sus inesperadas salidas ante cada situación y también sus discursos llenos de reflexión profunda aunque en términos demasiado simpáticos.
No obstante que murió hace más de 25 años hoy parece que viéramos personificada su figura en varios de los representantes de éste gobierno.
Empezando por el propio presidente Iván Duque al principio con la mediática “ayuda humanitaria” a Venezuela – descalificada como tal por la propia Cruz Roja – que terminó siendo una infructífera farsa de pocos camiones llevando alimentos sin rumbo fijo en la frontera colombo venezolana. También cuando presentó, con suprema seriedad, ante la Asamblea General de la ONU –a la cual asistía por primera vez y en la que, curiosamente, estuvo “Cantinflas” en una de sus películas– el dossier de unas fotos que suponían la presencia de las Farc en Venezuela y que resultó un fiasco.
Otros personajes que nos recuerdan a “Cantinflas” en este gobierno son: el entonces Ministro de Defensa, Guillermo Botero, en su pobre explicación sobre el bombardeo en el Caquetá que cobró la vida de 8 menores y que le costó el cargo; La Vicepresidente de la República, Martha Lucia Ramírez, con sus recurrentes errores y gazapos; El Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, con su ignorancia sobre las causas del desempleo o la imprudente eliminación de Colpensiones; La Ministra del Trabajo, Alicia Arango, tratando de explicar que varios proyectos de ley que cursan en el congreso no son ni reforma pensional ni laboral; Y que tal el simpático embajador de Colombia en EEUU: “Pachito” Santos y la sarta de barbaridades que dice, rematando con el episodio grabado con la hoy canciller Claudia Blum.
Nos hacen recordar aquella frase del cómico mexicano: “…Ahí está el detalle…que no es ni lo uno ni lo otro…sino todo lo contrario…”.
Pero el remate de toda la actuación tiene que ver con el episodio de Uber y la manera como el gobierno ha tratado de justificar lo injustificable. “Cantinflas” hubiera explicado mejor como un presidente que ha basado su plan de gobierno en el Emprendimiento, la Tecnología y la Economía Naranja hasta el punto de haber creado, hace pocos días, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación se oponga precisamente a ella. Y cómo una empresa que se dice que es ilegal se encuentra registrada formalmente y pagando impuestos.
Además de que constituye un mal precedente ante el mundo, que avanza a pasos agigantados en materia de tecnología, automatización e inteligencia artificial, en este caso de Uber (y mañana puede ser Airbnb, Despegar, Rappi, Didi, Neflix, etc.), a nuestro entender, lo que resulta más grave – independientemente de monopolios y multinacionales – es la violación al sagrado derecho a elegir de los colombianos que debe contar siempre con la debida garantía constitucional, legal e institucional
@vherrera

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