En defensa del porvenir crisol

20

El puente Pumarejo, la gran obra de ingeniería civil edificada a un costo de 800 mil millones de pesos sobre el río Magdalena, dada al servicio hace apenas 40 días, viene siendo deteriorada en forma tenaz e imparable. Pieza a pieza sus partes metálicas, metro a metro su cableado eléctrico, y una a una sus luminarias, si no se toman prontas y eficaces medidas para impedirlo, en poco tiempo podría avanzar hasta llegar a las placas de concreto, que a ese ritmo depredador podrían ser extraídas para venderlas como relleno en los mercados de mangantes, ante la impavidez ciudadana y de las autoridades. Lo que está ocurriendo es un atentado inadmisible a la próspera Barranquilla y su desarrollo, como también a la nación entera, y demostrativa, además, de que sus autores actuando quizá por física necesidad más que por proclividad delictiva, han perdido la noción del respeto a los bienes ajenos, que en el caso también son suyos, y el sentido de pertenencia comunitaria, ambas cosas lamentables y graves. En esos hechos creemos ver un mensaje más amplio que el de la mera comisión del ilícito. Aunque la apreciación a algunos puede no parecerles, el asunto tiene contornos de hambre, de indigencia, de física necesidad, lo cual en modo alguno justifica admitirlo, por el pésimo ejemplo y el perjuicio que a sí mismo se ocasiona y a las demás personas. En la autoría puede haber una combinación de miseria económica y raterismo, lo que hace que merezca ser analizado con cuidado, porque si bien la vigilancia del puente es necesaria, por no decir que obligatoria, ella no puede ser permanente, ni la única solución por su costo y porque de aceptarse como única, habría que aplicar la misma fórmula para preservar y mantener incólumes otras de uso generalizado e importantes por su utilidad y atractivo, como el gran malecón. Si se tratara de delincuentes comunes, que por supuesto no sería extraño, el estudio sociológico de la situación y la tipología de los responsables, puede arrojar claridad para encarar el problema.

Con idéntica finalidad vale la pena establecer si el puente cuenta con vigilancia electrónica, porque de no tenerla se lo debería dotar con urgencia, por ser un medio protector disuasivo, de identificación y al mismo tiempo de persecución y castigo de los autores. Si, como se ha dicho públicamente, el costo de las partes hurtadas asciende a mil o más millones de pesos, el precio que tengan las cámaras lo justifica, que incluso puede ser inferior, si la sustracción de otras partes del puente continúa, como seguramente ocurrirá, de limitarse la ciudadanía y el gobierno a quejarse y simplemente instaurar denuncias. El puente Pumarejo es una obra que enorgullece a Barranquilla y la región Caribe, y es para éstas de vital interés, como asimismo lo es de interés nacional. E igualmente lo es el viejo viaducto del mismo nombre, que como el recien inaugurado está siendo desvalijado, lo cual hará más costosa la refacción y adaptación proyectada para uso turístico, y sitio de contemplación sobre el río Magdalena, con locales para el esparcimiento, tiendas, ventas de objetos artesanales, bares y restaurantes. Ignoramos el origen fiscal que deben tener o tendrán las obras de reparación y protección requeridas en ambos puentes, pero con seguridad que aparecerán, sean del bolsillo local o de la nación, porque por fortuna la visión progresista de la dirigencia barranquillera en todos los sectores, y el empuje de sus habitantes, la ha convertido en multiplicadora de éxitos, llegando a ser una especie de reina Midas en el Caribe, pues cada peso invertido en ella se multiplica en plusvalía urbana y en rendimientos empresariales e individuales, dando timbre especial a su voz y poniendo su músculo al progreso, como reza el himno de la ciudad procera e inmortal, coronada de firme amanecer.

[email protected]

#DIARIOLALIBERTAD

Comentarios