La triste historia de la Universidad del Atlántico

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En el reciente ranking de las universidades colombianas realizado por el Ministerio de Educación, la Universidad del Atlántico quedó relegada a posiciones muy por debajo de otras de carácter público de la región Caribe; este desplome en el sistema de medición oficial se debe al colapso financiero, académico, institucional y administrativo de la otrora cuarta universidad del país, del cual ha venido padeciendo desde muchos años atrás.

Nos preguntamos: ¿Cuál es la causa de la disminución de los indicadores académicos e institucionales de la UDEA? ¿Por qué la principal universidad oficial del Atlántico perdió su liderazgo regional y su espacio académico en el concierto nacional?,¿quien está detrás de la tomas protagonizadas por un minúsculo grupo de quienes se autodenominan defensores de la Universidad?, ¿quien los ha venido patrocinando económicamente durante la perjudicial toma que data de más de dos meses?, ¿Quién maneja los recursos que genera la Estampilla Pro-Ciudadela Universitaria?, ¿A quién le corresponde informar a la opinión pública el rumbo de dichos recursos?

Consideramos que la generación del colapso institucional, sin duda, es producto del modelo de rectores encargados. Este sistema que reproduce el clientelismo, la politiquería y la corrupción que alimenta a los grupos políticos enquistados en el Consejo Superior y la Junta de Estampilla pro Ciudadela Universitaria, en consonancia con los intereses de sus estamentos: profesores, estudiantes, egresados, sector gremial y políticos profesionales, son los directos responsables de la crisis de gobernabilidad, financiera y administrativa de una universidad en la que se educan a más de 20 mil estudiantes de los estratos más bajos de la ciudad, el departamento y la Región Caribe.

Este modelo de rectores encargados, que ha venido perjudicando la autonomía académica, es lo que impide el desarrollo normal de los fines misionales y la responsabilidad social en el no cumplimiento del Plan de Desarrollo 2011-2019.

La raíz del colapso universitario empezó durante la rectoría de Pedro Falco Salcedo, cuando el entonces Contralor del Atlántico Dr. Ricardo Varela Consuegra cuestionó el desorden administrativo y espinoso panorama financiero del Alma Máter, a mediados de 1995.

Del 2001 al 2006 se sucedieron -como en la actualidad- Rectores encargados, dóciles y complacientes a los intereses de los grupos clientelistas y politiqueros -internos y externos- como Robinson Flórez – el más fugaz-, Jorge Báez Noguera, José Luis Ramos y Paola Amar; hasta que la Nación intervino con la Ley 550 designando a la Ingeniera Ana Sofía Mesa de Cuervo como Rectora Interventora, quien en ese entonces, recibió a la Universidad del Atlántico, desfinanciada, con una deuda de 187.000 millones de pesos, muchas mesadas sin pagar a jubilados, profesores, contratistas y acreedores, así como varios años de retraso en calidad académica. 

Luego del retiro de esta recordada rectora encargada y designada en propiedad, por mayoría del Consejo Superior en el 2011, se revivió el modelo de Rector encargado a comienzos de agosto del 2014, al ser designado por 90 días el economista Rafael Castillo Pacheco, con lo que empezó una reyerta interna que colapsó administrativa, financiera y académicamente, debido al interés de este docente contratado de atornillarse en el poder, con el apoyo de la representación estudiantil y profesoral en el Consejo Superior.

Durante este periodo se presentaron constantes denuncias de corrupción, clientelismo, nepotismo, despilfarro del presupuesto, nombramiento de asesores sin experiencia y rango profesional. Hasta cuando la ministra Gina Parody intervino para darle fin a esta contienda “campal”, con un buen plato de degustación mediática, en la que el gobernador de esa época jugó el papel de Poncio Pilato.

Según fuentes consultadas, existió gran interés de mantener a Rafael Castillo, porque era dócil a los intereses de algunos consejeros, al gobernador de la época, senadores y líderes del movimiento estudiantil que aspiraban a que les mantuvieran los contratos concedidos por este rector encargado.

Castillo fue reemplazado por otra rectora encargada la socióloga e historiadora Rafaela Vos Obeso, quien restableció el equipo burocrático de la era Ana Sofía, con figuras desgastadas y sin liderazgo académico al borde de cumplir el retiro forzoso. Esta igualmente dio muestra de ser débil en su gobernabilidad, por la arremetida del sector radical de estudiantes que se volvieron a tomar la Universidad con consecuencias funestas para la misma.

La Universidad continuó dando “tumbos”, fue escogido Carlos Prasca como rector en Propiedad, pero, ya es bastante conocido este nuevo episodio y nuevamente nos encontramos ante el fantasma de los rectores encargados, con una universidad cerrada por la toma de un ínfimo grupo de estudiantes que no permite el funcionamiento de la Universidad, mientras la desfinanciación sigue su rumbo sin que se vislumbre una solución en el mediano plazo.

Mientras tanto más de 20.000 estudiantes que desean terminar sus estudios y más de 1.800 que esperan la entrega de su Título por haber concluido sus estudios académicamente y con ansias de graduarse, para cumplir sus aspiraciones de servirle a la sociedad, esperan una pronta solución.

#DIARIOLALIBERTAD

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