Coctel Peligroso

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Existen tres sentimientos negativos, muy humanos y muy comunes, que si se incuban en el alma y se dejan crecer en el corazón se tornan demasiado peligrosos tanto para la persona que los tiene como para las personas que están cerca. Ellos en sí mismos son tóxicos y dañinos pero si los echamos mixturados en un recipiente y le damos una cuantas vueltas, se convierten en veneno poderoso capaz de matar todo lo vivo que haga contacto con él.

El primero de ellos es la envidia que fundamentalmente aparece cuando deseamos tener para nosotros aquello que tienen los demás. El envidioso quiere lo que no es de él, desea lo que le pertenece a otro, sufre porque piensa que eso que los otros tienen le falta a él y con frecuencia culpa de su infelicidad a la ausencia o la escasez de aquello que los otros tienen abundantemente.

Junto a la envidia están los celos que tienen origen em el miedo que tenemos de perder aquello que nos es querido. Celamos porque acreditamos que lo nuestro es sólo nuestro y nadie tiene derecho a admirar, valorar o disfrutar aquello que nos pertenece. En el fondo las personas demasiado celosas son inmaduras, inseguras y posesivas; aman ser los únicos, adoran la exclusividad y ven peligro em todas partes.

A la envidia y a los celos le sigue la rabia que es un sentimiento de ira salvaje incontenida dirigida a alguien cuya presencia y existencia nos incomoda demasiado. Todo lo que haga, todo lo que diga, todo lo que tenga que ver con la persona que no nos agrada nos genera rabia, odio, resentimiento.

La envidia, los celos y la rabia juntos forman un coctel venenoso capaz de llevar al ser humano a realizar cosas impensables en contra de los otros. El rey Saul albergó en su corazón estos tres sentimientos por David y al dejarlos crecer descontroladamente se obsesionó tanto que terminó deseando, planeando y maquinando la muerte de una persona que en el fondo nunca le había hecho nada malo. Sintió envidia porque David era un soldado querido y exitoso; sintió celos porque la gente, su gente, cantaba que Saúl había matado mil pero David había matado diez mil; sintió rabia porque este joven talentoso con el tiempo llegaría a convertirse en rey. Saúl se encegueció de ira, se dejó llevar por el resentimiento, su corazón se entenebreció y el resto de la historia ya la sabemos todos.

La envidia, los celos y la rabia si los dejamos crecer em el corazón nos pueden llevar hasta abismos impensados y peligrosos. Un envidioso puede acabar una fiesta solo porque no fue invitado, puede acabar con una relación porque la ve estable, puede acabar con una familia porque está feliz, puede acabar con una Iglesia por el simple hecho de que no es la suya, puede acabar con el mundo aunque éste esté bien hecho y esté andando bien. Un celoso puede matar con sus propias manos a quien cree que es su enemigo. La rabia cuando se apodera de las personas, hace hervir la sangre y después ya no importa nada.

La envidia crece cuando miramos demasiado lo bueno que tienen los demás y solo vemos lo malo que tenemos nosotros. Sería bueno educar los ojos, enseñarles a ver lo bueno que tenemos, las flores que brotan permanentemente en nuestro jardín, lo lindo y maravilloso que nos ocurre cada día. Quien sufre de celos olvida que lo que realmente le pertenece no se lo puede quitar nadie, que el amor verdadero precisa de libertad y que la confianza en el otro es signo de respeto y de madurez. La rabia casi siempre es momentánea, tiene fecha de caducidad. Es preciso aprender a controlarla y entender que en un mundo tan grande es inevitable que existan cosas, personas, situaciones que aunque no nos agradan, suceden. Es preciso aprender a ser tolerantes, es preciso contener la respiración y contar hasta diez, es preciso un baño con agua fría, es preciso una conversada con Dios, es preciso cogerla suave y seguir para adelante.

Pienso que aunque son humanos y la mayoría de nosotros alguna vez ha experimentados estos sentimientos la clave está en no dejarlos crecer, rechazarlos apenas sintamos que están brotando, reprenderlos como elementos que bajo ninguna circunstancias deben hacer parte de nuestra vida.

#DIARIOLALIBERTAD

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