Que se reflejen los impuestos en progreso

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Sabido es que la función del Estado es servir a la comunidad, tal como lo enseña el artículo 2 de nuestra Constitución Nacional y que es deber del ciudadano financiar al Estado, de acuerdo al numeral 9 del artículo 95 de nuestra Carta Magna, pero los contribuyentes en Colombia perciben que sólo el ciudadano cumple con su parte, mas no el Estado.

El impuesto es una imposición económica que le arrebata al ciudadano parte de los ingresos que obtiene con su trabajo, algo que de por sí no es de buen recibo, pero el disgusto es mayor cuando el ciudadano se entera que el dinero que ha pagado por concepto de impuestos es descaradamente utilizado para beneficio particular de quienes hacen parte de las estructuras del Estado, que tiene entre otras funciones quitarle a la gente parte de su patrimonio.

El hecho de que el Estado reciba el dinero de la gente y que luego un funcionario o político corrupto se lo apropie, se constituye en un gran efecto negativo, es la forma como el ciudadano percibe la función del Estado.

En Colombia, el aumento y la aparición de nuevos impuestos son el pan de cada día. Hasta el más carente de recursos está obligado a pagar un impuesto al Estado, si quiere comer, si quiere vestirse, si quiere utilizar el transporte público, etc. incluso hay mucha gente que come menos por causa del dinero que el Estado le sustrae por medio de los impuestos; lo más lamentable es ver que ese dinero, que podría ser para dar de comer a sus hijos, o para comprarles medicina, es utilizado como fondo de caja menor por los gobernantes de turno, lo cual no es solo una aberración, sino un crimen.

Literalmente hay gente que pasa hambre para poder pagar los impuestos; incluso quienes tienen mayor capacidad económica se ven en serios aprietos para pagar sus tributos y se ven en la necesidad de recurrir a créditos bancarios, o dejar de comprar bienes que sus negocios o sus familias necesitan con urgencia, pero como es natural, protestan cuando se enteran de la forma como son burlados al enterarse del destino de sus dineros pagados al Estado, esta es una historia que se repite cada día.

Esta realidad hace que el ciudadano crea justo no pagar impuestos, porque causa un gran dolor tener que quitarles el pan de la boca a sus hijos para entregárselo en forma de impuesto al Estado para ser dilapidado por inescrupulosos funcionarios depredadores del erario.

Es que el impuesto no es más que una transacción comercial, el contribuyente le entrega al Estado determinada suma de dinero para que este le retribuya a la ciudadanía con beneficios colectivos, sin embargo esto no sucede en Colombia ya que no es proporcional lo que recibe el Estado, al destino que se le da a los recursos aportados, lo cual no se refleja en la solución de las necesidades insatisfechas de muchos conglomerados que nunca han recibido la presencia del Estado.Como resulta obvio, mientras la corrupción no se reduzca hasta las justas proporciones, el ciudadano tendrá una justificación, o una verdadera razón de su desconfianza al momento de pagar los impuestos. Adicionalmente, causa molestia que el Estado sólo se centre y se esfuerce en mejorar el recaudo, es decir en quitarle más plata a la gente, pero que no haga esfuerzos para mejorar la gestión de esos recursos.

Entre más apriete el gobierno con las permanentes reformas tributarias, como la que se aprobó por el Congreso, tan llena de polémica, la resistencia a pagar tantos impuestos aumentará.

#DIARIOLALIBERTAD

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