De amaneceres limpios

Bojayá volvió a colarse en los huesos de nuestros recuerdos crueles e inhumanos de la maldita e imparable guerra del país. Es el verdadero renacimiento de la impunidad o de la falta de Estado. Es un nuevo amanecer, que no es nuevo, porque la violencia que nos acecha y nos persigue lleva más de cien años con la bandera manchada de sangre recorriendo el territorio. Es un monstruo que en estos días ha estado volando cabezas en Nechí.

En esta historia guerrera no hay manera de inclinarse en los nuevos inicios. Pero su relato cotidiano violenta mi vida, nuestras vidas y los retoños de la esperanza.

Comenzar es siempre un nuevo amanecer, nueva luz para dilucidar también la basura del 2019, basura “plástica” que nadie quiere verla. Ignorancia informativa, o voluntaria ceguera ciudadana para no alterar la comodidad de la anormalidad: el crimen sistemático contra los líderes sociales del país, o el asesinato del Fiscal de Cali, o la corrupción en todos los órdenes y niveles de la sociedad colombiana.

Uno queda impactado por el gambetear de la violencia y el crimen y el hondo vacío que genera en el alma la enfermedad de la ceguera, la incompetencia del Estado, la ineptitud del gobierno y la inveterada y gorda pasividad ciudadana, insuflada en la sangre de la sociedad.

“En este país de mierda,” una vieja versión del tío y poeta, Manuel Eusebio Salcedo, se olvida de todo, porque la memoria se pudre y pudre lo sustancial para dejar vivo lo otro, lo condicionado, el datismo y la frivolidad social, Maluma, las erizadas de Amparo Grisales o los destellos peligrosos del baño de las telenovelas y la vida cosquillosa, ardiente y complicada de los famosos. Luz de vela efímera y sin los amaneceres bellos del optimismo y la esperanza.

Es complicado partir de un nuevo ciclo de la vida personal cuando ésta está plagada de fruslería, escapes frustrados de las horas del tiempo, cursilería, rondas apresuradas de victorias ciclotímicas, rutas equivocadas sin los reparos necesarios, mundos indisciplinados. En fin, complicado cuando la vida del individuo es una maraña de azares y no una carga de energía planificada.

Como el gobierno o el Estado tienen ya sus planes torcidos para los más y los menos desvalidos de la sociedad colombiana, en su caso, concéntrese en las pocas cosas que usted pueda cambiar. En las que no, ni lo piense, porque sería un ejercicio de onanismo gratuito.

Me quedo con la versión sobre el amanecer del periodista argentino Martín Caparros: “… no creemos que ver amanecer forma parte de nuestras actividades habituales… Lo siento porque hay pocos momentos en que el mundo resplandezca tanto. Y porque hay pocos en que el renacimiento, ese ciclo que vuelve a empezar y te vuelve a ofrecer promesas y esperanzas, se sienta tan potente. Belleza: lo que perdemos es belleza y un modo peculiar del optimismo, cuando todo es posible todavía.”

Comenta aquí: