Acueductos del Atlántico

6

Sin duda, uno de los más graves problemas que siguen afrontando la mayoría de municipios del Departamento del Atlántico es la falta de un buen servicio de agua apta para el consumo humano.
Desde tiempos inmemoriales los habitantes de la mayoría de los pueblos atlanticenses han venido luchando ante los gobernantes de turno, para que se atienda la solución de esta sentida necesidad, que a través del tiempo se ha convertido en un mal de nunca acabar, antes por el contrario, esta problemática ha tenido la tendencia de agravarse cada día en forma alarmante, hasta llegar al actual estado de deficiencia que ha caracterizado la prestación de este vital servicio en los municipios del Atlántico.
Los municipios situados en la ribera oriental del anchuroso río Magdalena, como Soledad, Malambo, Sabanagrande, Palmar de Varela, Santo Tomás, Ponedera, Campo de la Cruz y Suan, es posible que tengan acueductos por sus cercanías a la caudalosa arteria fluvial a la que nos referimos en anteriores artículos.
No obstante, se ha podido comprobar que el agua se distribuye a los moradores de muchas cabeceras municipales –ni que decir de los corregimientos–, no es apta para el uso de los humanos. Simplemente porque de acuerdo a los resultados de estudios ampliamente conocidos, el “preciado líquido” no reúne las características que le den la categoría de potable, es decir el agua que consumen los habitantes de la mayoría de municipios atlanticenses no es incolora, inodora e insabora.
Por esta sencilla razón hemos dicho que los habitantes de los pueblos situados a lo largo de la carretera Oriental, cuentan con acueductos pero están condenados al suplicio de Tártalo, que consiste en tener agua en abundancia –por estar situados a orillas del anchuroso Río de la Patria–, pero sin poderla consumir por ser nociva para la salud; igual situación ocurre en municipalidades situados en otras zonas de nuestro departamento; circunstancia que ha sido aprovechada durante muchos años, por candidatos a corporaciones públicas en épocas electorales, quienes la utilizan como “caballito de batalla”, en sus campañas proselitistas cada cuatro años.
Porque conocemos del clamor permanente por parte de las comunidades del Atlántico, para que se les solvente tan grave situación, es que nos permitimos hacer –una vez más– en nombre de esas comunidades un llamado ahora a la gobernadora Elsa Noguera, para que se concreten en su mandato las reiteradas promesas de varios de sus antecesores en el sentido de que se tomarán los correctivos del caso para así contener los brotes de enfermedades estomacales e intestinales que vienen padeciendo muchos habitantes de las poblaciones de nuestro departamento, especialmente en los menores de edad.
La prestación del servicio al que hoy hacemos referencia es una obligación del Estado, por esa razón es que se requiere que las entidades pertinentes le pongan punto final a tantos años de sufrimiento, derivados por la carencia de un servicio deficientemente prestado, conforme la aspiración de los usuarios y concordante con las necesidades de un gran conglomerado, que definitivamente dejó de creer en sus gobernantes precisamente por la desidia que siempre los ha caracterizado, permitiendo el crecimiento de una problemática, que situó al Atlántico entre los departamentos de más bajos índices en cuanto a cubrimiento de esta básica y vital necesidad.
Debido a la grave situación que han venido afrontando y denunciando los habitantes de Repelón, Luruaco, Manatí, Candelaria, Juan de Acosta, Tubará y otros más, se proponen a la realización de sendos foros entre las comunidades afectadas por dicha falencia para analizar la actual situación que los agobia y someter las conclusiones a consideración de la doctora Elsa Noguera.
[email protected]

Comentarios