Los debates prefabricados por quienes defienden al establecimiento aspirando ver resurgir las “mermeladas”, aún en tiempos de crisis, con el beneplácito de congresistas que al comienzo del Paro Nacional habían expresado su voluntad política de no acompañar la Reforma Tributaria, bautizada como “La gran estafa”, terminaron convertidos sin son ni ton en defensores acérrimos de ella. Todo al parecer producto de lo irresistible para sus olfatos del olor azucarado de la “mermelada” y de verse marginados en la distribución del Presupuesto Nacional, atendieron sin escrúpulos el llamado a aprobar sin más “una reforma a puerta cerrada donde predominan las definiciones de los centros del poder económico”, tal como lo definió el Senador Iván Marulanda, bajo la anuencia e irresponsabilidad de las mayorías del Congreso; olvidándose que las sociedades y los pueblos tienen sus límites, aunque al final terminen reprimidos.

Esta Reforma Tributaria, más que otras anteriores, expresa en su trasfondo una economía de desigualdad extrema desarrollada en los últimos diez años, constituyéndose en una carga onerosa para los sectores medios y bajos precarizados de la población, mientras favorece a los plutócratas o ricos con la bicoca de 9 billones de pesos permitiéndoles acrecentar su patrimonio sin bajar el índice de desempleo, en contravía a lo expresado por el gobierno de Iván Duque de que este favorecimiento o contraprestación a los megaempresarios es con el propósito de comprometerlos en la generación de nuevos y mayores empleos; por el contrario, esta Reforma le garantiza a los empresarios el desarrollo de una economía subterránea con la consecuencia simultánea de seguir grabando los productos de la canasta familiar.

Lo que el pueblo colombiano asimiló con claridad en los debates sobre “La Gran Estafa” es que el gobierno, por ejemplo, ante la crisis de Electricaribe que tiene oscurecida la prestación del servicio de energía eléctrica a sus usuarios, habilidosamente termina aportando dos billones a la empresa que esté interesada en asumir la prestación de ese servicio, entregándosela a bien haber y desconociendo la participación de los habitantes de la Región Caribe; pero, al tiempo, asume la posición de decir que no hay dinero para los “vagos”, refiriéndose a la población universitaria del sector público. Un contrasentido que devela claramente el entreguismo del gobierno de Iván Duque a los conglomerados empresariales, financieros y sectores meritocráticos apostadores y cómplices de su desgobierno.

Por su parte, los grandes medios de comunicación, hoy en propiedad de los mismos poderes económicos que sustentan al gobierno de Duque, actuando como medios oficiales, jugaron el papel seudopedagógico de difundir entre la ciudadanía las aparentes bondades del la Reforma Tributaria, buscando generar una aceptación plácida de ésta y contribuyendo de esa forma a pretender deslegitimar las motivaciones en esta materia del Paro Nacional. Pero también coadyuban a ocultar el desconocimiento del gobierno a los compromisos adquiridos por los Acuerdos de Paz que definen un mayor incremento en la inversión social, reflejando en la práctica su intención de hacer trizas dichos Acuerdos, que más que pactados con una organización particular fueron consultados y proyectados para beneficio de la sociedad colombiana.

Quienes al final terminan favorecidos con este tipo de reformas constituyen apenas el 1%, correspondiente a las megaempresas que apuestan a la política electoral y le garantizan prestamos con intereses blandos al grueso de congresistas de los partidos que apoyan al esperpento del Presidente Duque; golpeando hasta la saciedad a más de 13.5 millones de colombianos de los sectores vulnerables. Es un insulto y una vergüenza que Colombia tenga una desnutrición de 500.000 niños, que no tienen capacidad cognitiva porque se están muriendo de hambre como en la Guajira, el Choco y el Catatumbo. Como expresa el senador Ivan Marulanda: “Esta Nación se formó en la hermandad, en la nacionalidad, desde su origen republicano con el esfuerzo de todos, pero se ha convertido en una Nación egoísta, con espíritu antiempresarial que deforma el espíritu democrático, convertido en un mecanismo de infamia”.

La política al parecer hizo una ruptura con las doctrinas y los principios éticos, perdió su horizonte y se oculta en el ocaso de la corrupción agigantada por los gobiernos de turno cegándose en desconocer que estamos en un Estado Social de Derecho. Presidente Duque, este país se ha construido con todos los aportes, desde la acción individual y empresarial; pero, usted sabe poco de eso. El progreso no es cuestión de superstición o prestidigitadores, es bueno observarlo en la niñez, en la juventud, en los ancianos; usted no le ha cumplido ni a sus propios electores. Colombia requiere de una Reforma Estructural donde los que ganen más paguen más; escuche cómo los grandes grupos financieros con quien usted tiene un compromiso que lo llevó al solio presidencial tienen agrietado por su mal gobierno, cuando el 39% de los impuestos a las personas jurídicas son saqueados con filtros llamados beneficios tributarios. Repensemos a Barranquilla y a Colombia.

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