Temor al huracán social

La partida doble enseña algo elemental y universal a la vez, cuando se trata de bienes mensurables en dinero, y su forma de asentamiento contable. Ella enseña que una partida tiene su par de contrapeso y se hace figurar en libros en las columnas DEBE y HABER. En la primera se anota lo que se abona, y en la segunda, lo que se acredita. El fraile franciscano italiano Lucas Bartolomeo de Pacioli fue el autor de esa tesis, que es de equilibrio matemático, y se aprecia mejor en el desplazamiento de un cuerpo de un sitio a otro, al ver el vacío que queda en el lugar de partida y el lleno en el de destino, con la misma dimensión. Su práctica, iniciada en el año 1.500, a estas alturas se ve muy simple. Significa que por cada deudor hay un acreedor. Este modesto preámbulo sirve para ilustrar en forma llana lo que va a suceder con la nueva reforma tributaria impuesta por el gobierno, con el apoyo de partidos políticos seducidos por ofertas secretas que el oferente y los aceptantes llaman “mermelada”, cuando las reciben sus contrarios, para dar la sensación de que rechazan la práctica del negocio bajo la mesa, que le borra al Congreso su grandeza y su valor como contrapeso del ejecutivo, y lo convierte en vergonzoso apéndice de éste. La segunda reforma tributaria de la actual administración le rebaja los impuestos a los más adinerados y los exonera del pago del impuesto al valor agregado en la importación de bienes de capital, lo que en conjunto asciende a más de 15 billones de pesos, y a las familias de ínfimos ingresos, según lo planteado, les transferirá cada dos meses una suma en pesos como compensación del impuesto a las ventas a la canasta familiar básica. Si ambas cosas se abonan al DEBE, ¿con cuáles se llenará el HABER? A pesar de ser esto tan evidente no se dice, por la alarma, el miedo y los dolores que causa, pues la carga se le pondrá a la maltratada e indefensa clase media, la vaca lechera.
La supuesta devolución del IVA a las familias de bajos ingresos plantea la incógnita de cómo se hará con los millones de las que viven en la informalidad, y que sólo acceden a las tiendas de barrio para adquirir lo indispensable. Y otra pregunta, no del millón, sino de billones, es, ¿qué segmento de la población tendrá que pagar las gabelas otorgadas a los más adinerados? Ya esta dicho, y preocupa seriamente la reacción que pueda tener la población en estado de protesta desde el 21 de noviembre pasado, a pesar de su franca vocación pacifista. El pronóstico es de reserva, tanto más cuanto que el presidente de la República soslaya los reclamos; mira los problemas con la sola óptica de su partido y del mentor supremo suyo y de aquel; le niega importancia al volumen de la protesta disminuyendo el número de los participantes en ésta, y dice que fue elegido por más de 10 millones de votos, sin evaluar que en todo el país tiene una indetenible desaprobación que ya llega al 70%, y que con la reforma tributaria ha agotado la inmejorable oportunidad de unir al país, de abrirle cauce al entendimiento y liberarse de prácticas nocivas y ataduras condicionantes. Las fiestas de fin de año favorecen de momento al gobierno en su actitud elusiva a discutir con las directivas del paro nacional los temas del reclamo, pero subsiste el temor fundado de que pueda radicalizarse, como lo han advertido personajes de la economía, del sector empresarial y el expresidente César Gaviria, por el peligro que genera la reforma, que a juicio de la mayoría sólo beneficia a los sectores más poderosos, a las empresas más grandes y a megainversiones”, lo que aumenta la desigualdad y no permite augurar que desde el comienzo del año 2.020 se retorne a la normalidad, a pesar del sano y sincero deseo ciudadano de que ojalá los vientos sembrados tozuda e inclementemente con la decisión de alcabala, no genere un impredecible huracán social a partir de enero.
[email protected]

Comenta aquí: