La cumbiamba del clima

El mocoso intento de Bolsonaro por utilizar el vocablo “ridículo” para referirse a la adolescente Greta Thunberg, líder mundial contra el cambio climático, es una bruta y rara coincidencia con el mismísimo Trump. Ambos representan el capitalismo salvaje de un modelo de gobierno autócrata y plutocrático que pareciera estar en otra de las crisis reales de su existencia, si leemos con paciencia y lucidez los movimientos internacionales y latinoamericanos rebeldes.
Para contextualizar, a Trump le molestó que la Revista Time la nombrara el personaje del año. Dijo: «Ridículo. ¡Greta debe trabajar en el control de su ira y luego ir a ver una buena película antigua con un amigo! ¡Relájate, Greta, relájate!»
Y Bolsonaro: «A todo lo que dice una mocosa, nuestra prensa -oh, nuestra prensa por amor a Dios- le da una relevancia enorme. Ahora está haciendo su showcito en la COP25.»
Así son los cerebros de estos dos presidentes que gobiernan dos importantes países del mundo: EE. UU. y Brasil. Patéticos y bárbaros en un mundo que se ha acostumbrado a sus desplantes o malas fiestas verbales.
Observando la fotografía de Trump que publica hoy jueves 13 de diciembre, el diario El país de España, a uno le da la extraña sensación de que en el rostro del tipo se esconde algo non sanctos. Porque su rostro parece una máscara conteniendo la risa – y a pesar de ello se le ve atolondrado y brutal. Su cabello liso parece cubrirle los ojos contra el aire que no cuida y, sin embargo, más bien se asemeja a un cacho o pitón de diablo.
Piero en la pieza “Los americanos”, les toma a los gringos una fotografía: “De mandíbulas grandes, de tanto mascar chiclets… los americanos.” Creo que es a la bocaza del individuo gringo al que alude este canta-autor argentino.
El discurso de ambos contra Thunberg es para desacreditarla. Al comienzo de su rebeldía algunos líderes del mundo la mandaron a estudiar por sus “viernes para el futuro.” Acusarla de ridícula y mocosa lleva por dentro la idea aterradora que por ser menor de edad, ella no puede opinar sobre la conducta política de los adultos que gobiernan el mundo. Porque éstos son especie de dioses inexplicables para los niños. Uno no sé en qué realidades viven estos personajes estrafalarios de la política internacional.
Y, sin embargo, la niña Thunberg, acusa a los gobernantes adultos de ineptos. No han hecho nada para salvar el mundo de la catástrofe ambiental.  Ella en representación de una generación de nuevos niños, los ha trascendido en sabiduría y comportamiento ciudadano mundial. Los adultos que nos gobiernan no han entendido que ya no somos la parroquia de los tiempos de la primera y segunda guerra mundial. La tecnología le abrió los ojos al mundo para verse y leerse así mismo.

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