Competitividad y economía

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En medio de los sinsabores políticos y judiciales en que se debate el país, uno de los temas que emerge como buen elemento para paliar estos momentos es la economía.

Las perspectivas que en este sentido tienen las entidades internacionales encargadas de su análisis apuntan hacia índices negativos  de reactivación y al crecimiento, en los que afortunadamente no se incluye a nuestro país gracias al repunte que han tenido las exportaciones y las buenas calificaciones obtenidas por las calificadoras de riesgo, lo que ha despertado una gran expectativa entre los inversionistas internacionales.

Frente a esto, el llamado que ha hecho el presidente Iván Duque a los colombianos, de mantener el optimismo para seguir fortaleciendo la economía y la competitividad, constituye una base importante desde donde se puede proyectar un mejor futuro para el país. Es evidente que para seguir manteniendo esas perspectivas de reactivación económica en lo que se debe insistir es en el compromiso del sector privado de preservar su inversión, para que en conjunto con el apoyo oficial se diversifique la productividad, especialmente en los sectores agro y pesquero, con el objetivo de ganar nuevos espacios en los mercados internacionales.

Dirigir la atención hacia esa diversidad exportadora es el gran reto que le espera a los empresarios nacionales. Urge darle un viraje a la dependencia que había creado la exportación minero-energética, para descubir que también existen otros mercados que brindan iguales ganancias y aseguran a nivel interno la ocupación de buena cantidad de mano de obra no calificada, lo que ha de redundar en el dinamismo de la economía colombiana.

Precisamente, dentro de esas perspectivas económicas, cabe tener en cuenta las recomendaciones que ha señalado el Consejo Nacional de Competitividad, sobre todo en lo que a la institucionalidad se refiere y que por razones de corrupción se encuentran rezagadas, afectando el dinamismo que debieran tener como ejemplo y elemento jalonador de la inversión privada. También debe incluirse allí la inflexibilidad de los salarios y los efectos de los impuestos y los subsidios sobre los incentivos a trabajar, lo que afecta la formalidad laboral y retrasan las necesarias inversiones que impulsen la economía.

Para ser competitivos y alcanzar buenos niveles de productividad, hay que invertir. Y esa inversión se da cuando se brindan a los inversionistas garantías y seguridad por parte del Estado, por ello tras consolidar la paz, lo que queda es seguir trabajando para reducir la pobreza y generar más empleo con mayor productividad, apuntándole con transparencia a la ampliación de la infraestructura pública.

El reto del posconflicto apenas comienza, pero si no se tienen esos propósitos bien claros y definidos resultará poco probable que se alcancen los índices propuestos. Competitividad y economía van muy ligados y por ello ambos se dinamizan con inversión, lo que requiere de la dirección de un gran timonel desde la Presidencia de la República que además consolide la unidad y enfoque al país hacia esa meta.

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