Atención a la tercera edad

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15La tercera puede llegar a ser la mejor de las edades. En muchos países del mundo lo es. Es común ver que el grueso del turismo de cruceros del mundo es jalonado por adultos mayores, cuyas preocupaciones se reducen a vivir bien, a estar tranquilos y a disfrutar sus últimos años de vida en paz y con mucha alegría.

De hecho, cuando estas majestuosas embarcaciones llegan a los puertos de Cartagena y Santa Marta, la mayoría de personas que desembarca, son justos de la tercera edad, quienes viajan llenos de lujos y además de muchos dólares en los bolsillos, que derrochan a manos llenas en cada puerto que van tocando.

Infortunadamente eso pareciera ser un privilegio reservado exclusivamente para personas provenientes de países de gran potencial económico o al menos no de nuestros abuelitos, quienes viven realidades muy distintas a la de los turistas de los cruceros.

En Colombia, la tercera ni de lejos es la mejor de las edades. La mayoría de nuestros ancianos llegan a ese tiempo otoñal en precarias condiciones económicas, muchas veces abandonados por sus propias familias y carentes de políticas de gobierno serias, encaminadas a aprovechar el gran potencial que ellos tienen y todo lo que aún le pueden aportar a la sociedad.

Es muy cierto que la familia colombiana, en términos generales, es muy apegada a sus ancianos. Ellos son muy queridos, son pieza fundamental para darles amor a nietos y generaciones nuevas, pero eso se queda ahí casi siempre.

El adulto mayor en Colombia padece por un sistema de salud que les confina, les aparta, no los privilegia, sino que por el contrario los maltrata como si se tratara de personas por las cuales no merece la pena moverse.

Ni se diga de otros aspectos. No hay programas destinados para que esta población tenga la posibilidad de participar de proyectos productivos. En este país, un jubilado ya no puede trabajar más nunca en su vida y ni pensar en ejercer oficios alternativos.

No se aprovecha su enorme sabiduría. No hace falta tener 70 años para que un empleador considere a un sujeto ‘veterano’, como se les dice a quienes han pasado la barrera de los 40, quienes tienen la experticia que dan los años, lo cual no va en contravía de la audacia y empuje de la juventud.

En muchos países la mano de obra del anciano es aprovechada en oficios tranquilos, que no demanden grandes esfuerzos físicos, pero que sí requieran de técnica y paciencia, la cual les sobra a muchos de ellos.

Todo ello sin hablar de la recreación sana, el ejercicio físico, el aprovechamiento de su alegría natural para canalizarla en actividades que les brinden la oportunidad de seguir sintiendo que tienen mucha vida por delante.

¿Será difícil que nuestros abuelitos sean organizados en excursiones para viajar y disfrutar de su vejez con calidez? ¿Las oficinas gubernamentales destinadas a la atención de la tercera edad qué hacen?

Lo que esperamos es que no se trate de simples departamentos para llenar burocracia y que algo estén haciendo por nuestros ancianos, aunque la verdad no es mucho lo que se ve.

Un llamado sereno elevamos a nuestros gobernantes para que miren un poco hacia esta población, a la que se acude con diligencia en tiempos electorales, porque son los más juiciosos para votar. Lo hacen temprano y no desatienden un compromiso si se lo han hecho. No se les olvide su situación, y ellos en verdad lo necesitan.

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