Antes de nacer nos roban la esperanza

Llegamos a este planeta y andamos de tránsito, viviendo y observando como pasan sobre nosotros los señoríos de siempre; al igual, como pasamos los días y los años donde el común denominador han sido los gobiernos y desgobiernos en un malestar agobiante e histórico de la ciudadanía con el sello impregnado: “antes de nacer nos roban la esperanza”. Además de robarnos, depredan los recursos renovables y no renovables; como si fuera poco vilipendian, torturan, mutilan, estigmatizan y cercenan a un pueblo y a sus dirigentes tildándolos eufemísticamente por décadas como los “hijueputas cachiporros”, “dañados”, “bandoleros”, “nueveabrileros”, “guerrillos”, “castrochavistas” y, ahora, “vándalos”, reprimidos por los chulavitas, perdón por el Esmad. Cuando sus activistas y marchantes plantean colectivamente reformar o transformar el “establecimiento” la respuesta del gobierno, con dosis fascistas, es eliminarlos políticamente con subterfugios jurídicos para que renuncien de sus sueños o asesinándolos como ha pasado con los líderes sociales.
A partir de estas variables históricas es cómo empecé a estudiar la historia complotista de los gobiernos de mi país, situándome en la década de los años cincuenta, cuando nací, y, que al tenor de este ensayo, estoy de onomástico, “coincidencia feliz” por ser otro mortal postergado que dimensiona el vivir y que este a su vez se constituya en una “revolución espiritual” en cada momento, sea cual fuesen las circunstancias y seguir escribiendo, cantando, pintando, bailando, correr y volar la imaginación; llorar y luchar por una nueva Colombia. En la década correspondiente al año 1.948, que referencia el Bogotazo con el genocidio del líder Jorge Eliecer Gaitán, “a la carga” en ese acontecimiento y levantamiento de masas aprendí a través de mis lecturas a detectar la patología de la gobernanza y lo que son los tentáculos de la corporocracia, oligocracia, plutocracia y la corruptocracia que han perdurado por los siglos de los siglos en el país del sagrado corazón. Por ello es válido hacer una reseña histórica a manera de síntesis de los periodos de gobiernos presidenciales en manos de la oligarquías liberales y conservadoras, caracterizadas por sus ciclos repetitivos y reparto de la torta nacional, al igual que el fortalecimiento de sus élites y la acumulación de capital como empoderamiento actual para seguir trazando políticas regresivas; lo que permite visionar nuestra condición de actores sentipensantes, académicos, intelectuales o autodidactas y apostar a ser preclaro definiendo cuáles son las connotaciones de estas políticas nefastas e improvisadas y revanchistas del gobierno en el ajedrez político de los partidos aliados al establecimiento, responsables de la crisis que nos ronda y la falta de legitimidad del Presidente Duque con un bipartidismo maniqueísta enraizado ahora con otras nomenclaturas de hambrientos vendepatrias, untados de olor burocrático a espaldas de la ciudadanía, sumados a ellos congresistas de las mayorías que terminan aprobando las “reformas” en contravía a los propósitos del Paro Nacional.
Para Gaitán el pueblo queda fuera por causas “antropológicas” o “biológicas”; para la oligarquía el “país político” es exterior a lo social al “país nacional”, pues, representa un poder absoluto que se ejerce sobre todas las actividades de la sociedad por el conducto de estructuras intermedias que utilizan “hombres de inteligencia”, es un poder externo a la sociedad que defiende sus intereses contra los del pueblo en su totalidad; situación que se encuentra vigente después de setenta años de gobiernos con la complicidad del parlamento. La conformación del Frente Nacional no fue más que un acuerdo bipartidista, donde la solución de los problemas estructurales del país terminó con la inauguración de los auxilios parlamentarios como un nuevo tipo de clientelismo, luego los cupos indicativos y ahora adquiere la modalidad del reparto de embajadas, consulados y la naranja azucarada de Duque centrada en su partido con la subasta de la burocracia ociosa a los congresistas que aprobarán el “paquetazo plutocrático”. Con el trasegar de gobiernos surge la frustración de las expectativas a la radicalización de López Michelsen y la represión con el Estatuto de Seguridad o recortes a las libertades de Turbay Ayala; en ese orden de ideas la voluntad de paz de Belisario Betancourt concluye con su soledad, empoderando a militares cuestionados en el fuego de tanquetas que incendiaron el Palacio de Justicia. El gobierno de Virgilio Barco con su estrategia “menos énfasis en el diálogo, pero con mayor centralización de los programas”; César Gaviria que institucionalizó el neoliberalismo privatizador de empresas, fomentando su doctrina de prevalencia de lo privado sobre lo público y el individualismo imperante por encima de la colectividad; siguiéndole sus homólogos Samper, Pastrana, Uribe, Santos y Duque con reformas lesivas en detrimento del pueblo y concediéndole beneficios al gran capital. “Antes de nacer nos roban la Esperanza”… ¡Feliz Cumpleaños, históricoespiritual… Repensemos a Barranquilla y a Colombia!

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